Prevención cuaternaria: la seguridad del paciente desde la consulta de Atención Primaria

La seguridad del paciente ha protagonizado el inicio del IV Congreso de Residentes, Jóvenes Médicos de Familia, Tutores y Unidades Docentes, organizado por la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC) y celebrado los días 20 y 21 de marzo de 2026 en Zaragoza.

Pilar Astier, médica de familia y presidenta electa de WONCA (Organización Mundial de Medicina de Familia) y Rosa Añel, médica de familia y técnica de la Unidad Docente Multiprofesional de Atención Familiar y Comunitaria de Bizkaia —ambas integrantes del grupo de trabajo de Seguridad del Paciente se semFYC— presentaron la mesa inaugural titulada “Prevención cuaternaria: la seguridad del paciente desde la consulta de Atención Primaria". 

Astier y Añel abordaron un problema a menudo infravalorado: una parte importante de los daños evitables en la asistencia sanitaria no se deben a un defecto de intervenciones sino a un exceso. WONCA, siguiendo a Jamoulle, define en su diccionario la prevención cuaternaria como las medidas adoptadas para identificar a los pacientes con riesgo de sobremedicalización, protegerlos de nuevas intromisiones médicas y proponerles tratamientos que sean éticamente aceptables. La prevención cuaternaria constituye una herramienta fundamental para integrar la seguridad del paciente en la práctica clínica diaria y en la formación de los futuros especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria.

La exposición partió de un caso clínico ilustrativo —una paciente de edad avanzada con pluripatología cuya evolución se complica tras diversas intervenciones aparentemente indicadas— para evidenciar lo fácil que resulta generar cascadas diagnósticas y terapéuticas con efectos adversos, deterioro funcional y pérdida de autonomía. Este ejemplo sirvió como hilo conductor para señalar que una parte relevante del daño evitable en los sistemas sanitarios está relacionada con intervenciones innecesarias o desproporcionadas.

Desde esta perspectiva, las ponentes recordaron que la prevención cuaternaria tiene como objetivo proteger a las personas de los daños derivados de las intervenciones sanitarias, incluso de aquellas que se realizan con intención preventiva. Este enfoque obliga a reconsiderar críticamente la práctica clínica habitual, especialmente en contextos como el de la atención primaria donde la incertidumbre, la presión asistencial y las expectativas de pacientes y profesionales pueden favorecer la sobreactuación y el uso inadecuado de recursos.

Uno de los ejes centrales de la sesión fue el papel de la prevención cuaternaria como competencia profesional avanzada a enseñar durante la residencia. Se destacó la necesidad de incorporar de forma explícita en la formación médica especializada aspectos como el manejo clínico de la incertidumbre, la prescripción prudente de pruebas y tratamientos, la revisión crítica de los diagnósticos y tratamientos (y su reversión, cuando proceda), la detección y prevención de cascadas diagnósticas y terapéuticas, y el valor clínico del “no hacer” cuando está indicado. Asimismo, se subrayó el papel del tutor como modelo de práctica clínica prudente, promoviendo el desarrollo del juicio crítico de los residentes y evitando la medicina de complacencia.

Entre los contenidos de la sesión, Añel y Astier presentaron dos decálogos con recomendaciones prácticas orientadas a fomentar una medicina más reflexiva y a facilitar la incorporación de la prevención cuaternaria en el ámbito docente y asistencial:

Decálogo para residentes (clic para ampliar)              Decálogo para tutores (clic para ampliar)

 

Estos materiales pueden resultar especialmente útiles como herramientas docentes y como apoyo para la reflexión individual y del equipo sobre cómo integrar la práctica prudente en la actividad cotidiana.

Se destacó el valor del liderazgo clínico, el trabajo en equipo y la participación de pacientes y cuidadoras como elementos facilitadores del cambio cultural necesario para evitar los excesos en medicina de familia.

Otro aspecto relevante fue la necesidad de avanzar desde el plano teórico al práctico mediante estrategias de desimplementación de prácticas de bajo valor. Entre las acciones propuestas se señalaron las siguientes: 

  • Priorizar la atención centrada en la persona frente a la centrada en pruebas.
  • Informar adecuadamente a los pacientes para ajustar sus expectativas y para facilitar el proceso de toma de decisiones compartidas.
  • Identificar intervenciones innecesarias o potencialmente dañinas.
  • Practicar el dediagnóstico y la deprescripción cuando proceda.
  • Incorporar indicadores sencillos de evaluación y seguimiento.

También se planteó que el médico de familia, que es quien atiende en primer lugar al paciente que solicita acceso al sistema sanitario, ha de cuidar de su seguridad a lo largo del itinerario asistencial. Hay que tener en cuenta que muchos de los eventos adversos que se producen en el ámbito sanitario se originan en los traspasos asistenciales.

El mensaje final es claro: la prevención cuaternaria no es únicamente un concepto teórico, sino una actitud profesional que debe impregnar tanto la formación como la práctica clínica diaria. Incorporarla de forma consciente al aprendizaje de los residentes supone avanzar hacia una medicina más segura, más prudente y más alineada con los valores y con la razón de ser de la Medicina Familiar y Comunitaria. Porque mejorar la salud no siempre consiste en hacer más, sino en saber cuándo es mejor no hacer, cuándo es más prudente la espera atenta y cuándo es necesario deshacer.

Publicado por Sano y salvo

Cómo citar esta entrada: 
Prevención cuaternaria: la seguridad del paciente desde la consulta de Atención Primaria. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [19 de abril de 2026; consultado 19 de abril de 2026]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2026/04/prevencion-cuaternaria-la-seguridad-del.html



"Tutorial DIY: Monta tu maletín rural". Taller impartido por María Escorihuela en el IV Congreso de Residentes, Jóvenes Médicos de Familia, Tutores y Unidades Docentes de la semFYC. Zaragoza, 21 de marzo de 2026


María Escorihuela es médica de familia en el consultorio de Mazaleón, en Teruel. Es la actual coordinadora del grupo de trabajo de Medicina Rural de la Sociedad Aragonesa de Medicina de Familia y Comunitaria, integrante del grupo de trabajo de Seguridad del Paciente de la semFYC, y autora del del blog "Diario de una médica rural".

Recientemente ha participado como docente en el IV Congreso de Residentes, Jóvenes Médicos de Familia, Tutores y Unidades Docentes de la semFYC, que tuvo lugar en Zaragoza los días 20 y 21 de marzo de 2026. La entrevistamos para que nos cuente los detalles de su taller "Tutorial DIY: Monta tu maletín rural".

Sano y salvo: El maletín del médico de familia puede parecer algo poco relevante, incluso anticuado. ¿Cómo surgió la idea de hacer este taller?

María Escorihuela: El grupo de trabajo de medicina rural recuperó una iniciativa de hacía algunos años, consistente en impartir talleres sobre el maletín del médico rural para los médicos residentes. El comité científico nos propuso adaptarlo para este congreso y nos pareció una idea fantástica. Desde el principio tuvimos claro que debíamos actualizar nuestras presentaciones así que recopilé bibliografía al respecto. Resultó que, en su mayor parte, la biblografía existente se limitaba a propuestas de listados del contenido del maletín o al diseño de herramientas destinadas exclusivamente a resolver demandas de atención urgente.  

Me asaltaba constantemente la pregunta: ¿Esto es lo que me hubiera gustado que me contasen antes de preparar el maletín que iba a utilizar a diario? Estaba decidida a abordarlo desde el punto de vista del uso seguro del maletín; y debíamos contar todo eso que no se estaba publicando porque pertenece a la experiencia personal. Porque el maletín es mucho más que un contenedor de materiales y utensilios. Es una herramienta clínica, una extensión de la capacidad resolutiva del médico en el domicilio. Un maletín bien pensado y organizado es una forma de estar preparado para actuar lo mejor posible en cualquier circunstancia.

S. y s.: ¿El mantenimiento del maletín puede considerarse una práctica segura?

M. E.: Si, indudablemente la forma en que se prepara, organiza y revisa el maletín es en sí misma una práctica de seguridad, tanto para el paciente como para el profesional. Mantenerlo ordenado, revisar su contenido y adaptarlo a la práctica real forma parte del trabajo clínico responsable.

S. y s.:  Entonces, más que llenar el maletín de materiales, lo importante es pensar y decidir que es lo que verdaderamente es más necesario llevar.

M. E.: Exacto. Preparar el maletín obliga a anticipar las situaciones clínicas a las que te enfrentas, revisar tus propias competencias y tomar decisiones conscientes sobre lo que realmente necesitas. Ese proceso ayuda a evitar la improvisación, reduce incidentes, mejora la confianza profesional y favorece un uso más eficiente de los recursos.

S. y s.: ¿Qué aspectos prácticos consideras clave en la organización del maletín?

M. E.: Algunos aspectos importantes son elegir el tipo de maletín según las necesidades, organizar los compartimentos de forma funcional para el trabajo diario, protegerlo de factores que afectan a los materiales como las temperaturas extremas o la humedad y, por supuesto, revisar periódicamente su contenido y controlar las caducidades. Además, hay que pensar en la gestión segura de los residuos que se generan durante la atención, por lo que es importante llevar un pequeño contenedor de utensilios punzantes y residuos biológicos. 

La idea es diseñar un maletín con el que resolver casi todas las consultas domiciliarias que se plantean a un médico de familia, y no solo las urgentes. Pero, como sabemos, en el maletín no cabe todo, ni es pertinente llevar materiales de uso excepcional. Por eso proponemos la creación de algunos “kits” accesorios o pequeños módulos que pueden complementar al maletín en un momento dado y están pensados para escenarios clínicos concretos o para habilidades específicas que utilicemos con relativa frecuencia. 

Hablamos de un compartimento de suturas o cirugía menor, uno preparado para conseguir un acceso de vía venosa y sueroterapia, uno de terapias respiratorias, uno de vía subcutánea en situación paliativa y uno para un sondaje vesical evacuatorio; aunque podrían configurarse muchos diferentes según las necesidades de cada profesional.

Listados del material, fármacos y “kits” accesorios propuestos para el maletín rural

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S. y s.: Desde la perspectiva de la seguridad del paciente, ¿qué errores crees que deberían evitarse en relación con el uso del maletín?

M. E.: El maletín debe contener aquello que realmente permite diagnosticar y tratar los problemas más frecuentes y responder a las primeras actuaciones en situaciones urgentes. Uno de los errores más habituales suele ser llevar material o medicación que apenas se usa o que no sabe utilizar, o llevar fármacos o materiales caducados, lo que equivale a no poder disponer de ellos. Estas situaciones aumentan el riesgo de incidentes de seguridad del paciente. También es importante evitar el exceso de material innecesario, así como las carencias de lo verdaderamente importante. 

S. y s.:  En tu taller, has evitado presentar las típicas listas de "material imprescindible”, ¿por qué?

M. E.: Si, así es. Porque creo que ese enfoque tiene poco sentido. El maletín es mucho más que un contenedor de material. Cada profesional debería diseñar su maletín según su práctica, su entorno y sus necesidades reales. No hay dos médicos iguales y, por tanto, tampoco debería haber dos maletines iguales. Además, el maletín no es algo estático: cambia con el tiempo, conforme evoluciona el conocimiento médico y la experiencia profesional, pero también es diferente según el contexto en el que se trabaja. Por esa razón pusimos este título al taller “DIY”, del inglés “do it yourself”, porque nadie diseñará mejor tu maletín que tú misma.

Presentación del taller impartido por María Escorihuela en el IV Congreso de Residentes, Jóvenes Médicos de Familia, Tutores y Unidades Docentes de la semFYC, el 21 de marzo de 2026 en Zaragoza

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S. y s.: ¿Qué mensaje darías a residentes y a jóvenes médicas y médicos de familia para tener el maletín siempre a punto, con lo estrictamente necesario, y así ser lo más eficientes posible durante la atención domiciliaria?

M. E.: El mensaje clave es que merece la pena diseñar nuestro maletín con tiempo. Los pasos indispensables serían: crear los listados de material y fármacos adaptados a nuestro perfil profesional y nuestra comunidad, elegir el continente en función de ese contenido y de nuestras necesidades, ordenarlo buscando la funcionalidad por encima de la lógica, elegir un sistema de reposición y control de caducidades fiable y cómodo, asegurar la gestión de los residuos rigurosa.  Porque un maletín que se improvisa con cada atención, o que no se abre o no se revisa provoca inseguridad; pero un maletín que se mantiene vivo y cuidado se convierte en el mejor aliado del médico de familia.

S. y s.: Enhorabuena María, es un gran trabajo, muy bien explicado, práctico y de ayuda no solo en el entorno rural, también en el urbano, para mejorar la calidad y la seguridad de la asistencia en los domicilios y en la comunidad.


Publicado por Sano y salvo

Cómo citar esta entrada:
Sano y salvo. "Tutorial DIY: Monta tu maletín rural". Taller impartido por María Escorihuela en el IV Congreso de Residentes, Jóvenes Médicos de Familia, Tutores y Unidades Docentes de la semFYC, Zaragoza 21 de marzo de 2026. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [11 de abril de 2026; consultado 11 de abril de 2026]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2026/04/tutorial-diy-monta-tu-maletin-rural.html


April 7, World Health Day 2026: "Together for health. Stand with science"

On April 7th, World Health Organization (WHO) invite us to celebrate World Health Day. The theme selected for 2026, “Together for Health. Stand with Science”, calls for strengthening the role of scientific evidence as the foundation of health systems and clinical decision-making. This message translates directly into healthcare practice: without science there is no quality of care, and without healthcare quality there is no patient safety.

Speaking up for science is also defending patient safety. In clinical practice, good safety practices are grounded in the best available scientific evidence. Numerous evidence-based activities are implemented every day by healthcare professionals such as reviewing and optimising treatments, individualising preventive strategies, and refining problem lists by removing unnecessary diagnoses. In addition, scientific evidence supports the appropriate management of uncertainty by applying strategies of watchful waiting and monitoring the evolution of non-specific symptoms. Regarding patient involvement, findings from primary care research promote shared decision-making and improve health literacy, so that informed patient decisions contribute to safe, high-quality care and to improved health outcomes globally.

Supporting science through concrete actions involves making prudent decisions, carefully weighing the individual benefit–risk balance, and avoiding unnecessary interventions or those without proven benefit. In this respect, primary care —by virtue of its continuity, proximity, and knowledge of patients’ contexts— is the ideal setting in which to apply these evidence-based principles that strengthen patient safety in everyday practice.

In the current turbulent global context, the United Nations health agency highlights that conflicts have a direct impact on health: they weaken health systems, hinder continuity of care, and increase the vulnerability of people living with chronic conditions. The stability of health systems and patient safety also depend on structural factors such as equity, accessibility, and continuity of care, all of which are directly affected by conflicts.

Peace is therefore an essential determinant of both health and science. In stable contexts, it is more feasible to ensure access to healthcare services, continuity of care, follow-up of chronic conditions, implementation of preventive measures, and the continuity of scientific research to further improve global health. Without these conditions, healthcare itself ceases to be safe. This day is also an opportunity to recognise the work of health professionals operating in contexts of conflict and crisis, where they continue to provide care under particularly challenging conditions and ensure the protection of the most vulnerable populations through evidence-based interventions.

On this World Health Day, three fundamental commitments of Family and Community Medicine to global health and patient safety should be reaffirmed:

  • Commitment to science, to guide prudent and safe decision-making.
  • Commitment to people, by adapting care to their needs and context.
  • Commitment to peace, as the foundation of resilient, safe, and continuously learning health systems.

Health grounded in scientific evidence is a right—and so is peace: together, they enable healthcare that is safe, of high quality, and truly person-centred.

+ info:
World Health Day 2026: Together for Health – Stand with Science
Health and peace: evidence and global reports on health in conflict settings

Published by Pilar Astier
How to cite this post: 
Astier Peña MP. April 7, World Health Day 2026: "Together for health. Stand with science". [Internet]. Sano y Salvo. Patient safety blog in primary care. [April 6, 2026; accessed April 6, 2026]. Available from: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2026/04/april-7-world-health-day-2026-together.html


7 de abril, Día Mundial de la Salud 2026: "Juntos por la salud. Apoyemos la ciencia"


El 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud, impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El lema elegido para 2026, “Juntos por la salud. Apoyemos la ciencia”, es una llamada a reforzar el papel de la evidencia científica como base de los sistemas sanitarios y de la toma de decisiones clínicas. 

Este mensaje tiene una traducción directa en la práctica sanitaria: sin ciencia no hay calidad asistencial y sin calidad no hay seguridad del paciente.

Defender la ciencia también es defender la seguridad del paciente. En la práctica clínica, las buenas prácticas en seguridad se sustentan en la mejor evidencia disponible. Esto incluye numerosas actividades como revisar y adecuar los tratamientos, individualizar las estrategias preventivas, depurar los listados de problemas de salud eliminando diagnósticos innecesarios. Además, la práctica clínica basada en la evidencia nos ayuda a gestionar de forma adecuada la incertidumbre, aplicando estrategias de esperar y observar la evolución de síntomas inespecíficos. En cuanto a la participación de los pacientes, los resultados de las investigaciones en atención primaria señalan que promover la toma de decisiones compartidas y mejorar la alfabetización en salud, para que los pacientes puedan participar de forma informada en su atención, son intervenciones que contribuyen a reducir daños evitables y a mejorar los resultados en salud a nivel global. 

Apoyar la ciencia con acciones concretas supone tomar decisiones prudentes, sopesar de forma individualizada el balance beneficio-riesgo y evitar intervenciones innecesarias o sin beneficio demostrado. En este sentido, la Atención Primaria, por su continuidad, cercanía y conocimiento del contexto de los pacientes, es el ámbito idóneo para aplicar estos principios validados por la ciencia y que refuerzan la seguridad del paciente en la práctica cotidiana.

En este periodo turbulento a nivel mundial, la agencia de salud de las Naciones Unidas señala que los conflictos afectan de forma directa a la salud: deterioran los sistemas sanitarios, dificultan la continuidad asistencial y aumentan la vulnerabilidad de las personas con enfermedades crónicas. La estabilidad de los sistemas sanitarios y la seguridad del paciente dependen también de factores estructurales como la equidad, la accesibilidad y la continuidad de los cuidados, directamente afectados por los conflictos.

La paz es, por tanto, un determinante esencial de la salud y de la ciencia. En contextos de estabilidad es más factible garantizar el acceso a los servicios sanitarios, la continuidad asistencial, el seguimiento de las enfermedades crónicas, la aplicación de medidas preventivas y la continuidad de la investigación científica para seguir mejorando la salud global. Sin estas condiciones, la atención sanitaria también deja de ser segura. Este día es también una oportunidad para reconocer la labor de los profesionales sanitarios que trabajan en contextos de conflicto y crisis, donde continúan prestando atención en condiciones especialmente difíciles y garantizando el cuidado de las poblaciones más vulnerables, aplicando intervenciones basadas en la evidencia científica.

En este Día Mundial de la Salud, debemos recordar tres compromisos fundamentales de la Medicina Familiar y Comunitaria con la salud global y la seguridad del paciente:

  • Compromiso con la ciencia, para orientar decisiones prudentes y seguras.
  • Compromiso con las personas, adaptando la atención a sus necesidades y contexto.
  • Compromiso con la paz, como base de sistemas sanitarios resilientes, seguros y en constante aprendizaje.

La salud basada en la evidencia científica es un derecho y la paz también: juntas permiten una atención segura, de calidad y verdaderamente centrada en las personas.

+ info:
World Health Day 2026: Together for Health – Stand with Science
Health and peace: evidence and global reports on health in conflict settings

Publicado por Pilar Astier
Cómo citar esta entrada: 
Astier Peña MP. 7 de abril, Día Mundial de la Salud 2026: "Juntos por la salud. Apoyemos la ciencia". [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [5 de abril de 2026; consultado 5 de abril de 2026]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2026/04/7-de-abril-dia-mundial-de-la-salud-2026.html


Día Mundial de la Seguridad del Paciente 2026: atención segura para las enfermedades no transmisibles

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha anunciado que el tema del Día Mundial de la Seguridad del Paciente 2026, que se celebrará el próximo 17 de septiembre, será la “Atención segura para las enfermedades no transmisibles”. 

Las enfermedades no transmisibles, como las cardiovasculares, el cáncer, la diabetes o las enfermedades respiratorias crónicas, constituyen la principal causa de muerte prematura, y evitable, a nivel mundial y requieren una atención sanitaria continuada y compleja.

Entre los principales riesgos de seguridad en la atención a las personas con enfermedades crónicas se encuentran los retrasos diagnósticos, los errores de medicación, las infecciones asociadas a la asistencia sanitaria y los incidentes relacionados con el uso de dispositivos médicos. A estos riesgos se suman otros asociados a situaciones frecuentes en estos pacientes: la polimedicación, la multimorbilidad, las transiciones entre niveles asistenciales y las dificultades de acceso a la atención. La necesidad de un seguimiento prolongado, la participación de múltiples profesionales y la falta de coordinación entre ellos, configuran además un contexto de especial riesgo de eventos adversos derivados de la asistencia.

Esta jornada pretende aumentar la concienciación global sobre la seguridad del paciente y promover acciones coordinadas para reducir el daño evitable asociado a la atención sanitaria. La edición de este año nos recuerda que la seguridad del paciente debe formar parte del abordaje integral de las enfermedades crónicas y que reducir el daño evitable también forma parte del buen manejo clínico de estos pacientes.

El lema "Atención segura para toda la vida" resulta especialmente relevante en atención primaria, porque la longitudinalidad, la continuidad asistencial, la prevención del sobrediagnóstico, la adecuación terapéutica y la coordinación entre niveles asistenciales son aspectos esenciales para la seguridad del paciente.

Como en ediciones previas, esta convocatoria constituye una oportunidad para revisar nuestras prácticas y compartir iniciativas que contribuyan a una atención más segura.


+ info
Experiencia vivida que inspira el Día Mundial de la Seguridad del Paciente 2026: Atención segura para las enfermedades no transmisibles. Organización Mundial de la Salud. 30 de marzo de 2026 

Publicado por Sano y salvo

Cómo citar esta entrada: 
Día Mundial de la Seguridad del Paciente 2026: atención segura para las enfermedades no transmisibles. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [3 de abril de 2026; consultado 3 de abril de 2026]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2026/04/dia-mundial-de-la-seguridad-del.html


Polimedicación en personas de 65 y más años en España: prevalencia, patrones y retos clínicos


La polimedicación afecta a una de cada tres personas mayores en España. Con este dato arranca el informe publicado en enero de 2026 por el Ministerio de Sanidad. Bajo el título Utilización de fármacos crónicos en las personas polimedicadas de 65 y más años y su relación con la morbilidad, el informe aporta un análisis detallado de la información extraída de la Base de Datos Clínicos de Atención Primaria (BDCAP) del año 2023. 

Se trata de un documento de especial interés para profesionales de atención primaria, salud pública y gestión sanitaria, porque aborda la polimedicación no solo como fenómeno cuantitativo, sino como expresión clínica de la carga de enfermedad en las personas mayores. 

Definida como el consumo crónico de cinco o más principios activos distintos, la polimedicación afecta al 30% de la población de 65 y más años. Su prevalencia aumenta progresivamente con la edad, alcanzando un máximo en el grupo de 85–94 años, donde casi la mitad de los pacientes (45%) están polimedicados. A partir de los 95 años, esta proporción desciende hasta el 31%, probablemente en relación con una menor intensidad terapéutica y con procesos de deprescripción selectiva al final de la vida.

Los datos reflejan que la polimedicación está estrechamente ligada a la morbilidad. Las diferencias relativas son especialmente marcadas en insuficiencia cardiaca (≈7 veces más frecuente); cardiopatía isquémica (≈5 veces); enfermedad cerebrovascular e insuficiencia renal crónica (≈4 veces), y diabetes mellitus (≈3 veces). Es decir, la polimedicación no es un fenómeno arbitrario, sino un espejo de la multimorbilidad.

El informe muestra que la edad no solo incrementa la probabilidad de polimedicación, sino que también modifica el perfil de los tratamientos. En general, en las edades más avanzadas disminuye el peso relativo de algunos tratamientos preventivos y aumenta el de los tratamientos sintomáticos o de control clínico. Este hallazgo puede explicarse por la propia evolución de las enfermedades y por las decisiones profesionales orientadas a la seguridad clínica. Es el caso de la menor utilización de AINE en edades muy avanzadas o la reducción del uso de estatinas en los mayores de 95 años.

Las diferencias por sexo, aunque discretas en términos absolutos, son consistentes: el 31% de las mujeres están polimedicadas frente al 28% de los hombres, en el grupo de edad de 65 y más años. Más relevantes que las diferencias globales son las observadas en el tipo de fármacos. En mujeres son más frecuentes los tratamientos relacionados con patología ósea (antiosteoporóticos, calcio, vitamina D), tiroidea, salud mental y dolor, mientras que en hombres predominan los tratamientos cardiovasculares (antiagregantes, anticoagulantes, estatinas), urológicos, antidiabéticos y respiratorios. Este patrón refleja tanto diferencias de morbilidad como variaciones en la práctica clínica.

Uno de los apartados metodológicamente más sugerentes del informe es el análisis ecológico que compara, por grupos de edad, la prevalencia de determinados problemas de salud con el porcentaje de personas polimedicadas que utilizan de forma crónica los fármacos indicados para esas patologías. Aun con la limitación propia de un estudio ecológico —no vincula directamente diagnóstico y prescripción en cada paciente individual, sino que compara datos poblacionales— este enfoque permite identificar posibles áreas de sobreutilización e infrautilización.

El análisis realizado permite distinguir cuatro situaciones clínicas relevantes:

  1. Situación esperable: uso del medicamento acorde con la prevalencia de la enfermedad.
  2. Posible sobreutilización: cuando el uso del fármaco supera claramente la prevalencia estimada de la enfermedad.
  3. Posible infratratamiento: cuando el uso del fármaco es inferior a la prevalencia del problema de salud.
  4. Situaciones difíciles de interpretar, como el caso especial de los fármacos cardiovasculares. Los antihipertensivos, anticoagulantes, antiagregantes, diuréticos, betabloqueantes y antagonistas del calcio se consideran medicamentos de “difícil valoración”, porque su indicación no se limita al tratamiento de una enfermedad ya establecida, sino que incluye otras situaciones como prevención primaria y secundaria, indicación de uso en otro tipo de patologías, y variabilidad en los umbrales diagnósticos y objetivos terapéuticos. 



Más que ofrecer respuestas definitivas, el análisis realizado señala dónde conviene revisar la práctica clínica. Porque el problema real no es cuántos fármacos se prescriben, sino si su uso es adecuado, seguro y coherente con la situación clínica del paciente.

La polimedicación no siempre es inapropiada. En algunos casos es simplemente la consecuencia de tratar adecuadamente a pacientes con múltiples enfermedades crónicas. El reto clínico no es reducir el número de fármacos per se, sino mejorar su adecuación. Para ello se proponen las siguientes recomendaciones:

  1. Revisar y optimizar periódicamente la indicación de cada fármaco.
  2. Identificar tratamientos duplicados o sin indicación vigente.
  3. Reevaluar el balance beneficio-riesgo de forma individualizada, especialmente en pacientes con fragilidad, deterioro funcional o esperanza de vida limitada.
  4. Incorporar estrategias estructuradas de deprescripción.

En un contexto de envejecimiento acelerado, informes como este ayudan a pasar de la intuición a los datos, y ofrecen un buen punto de partida para revisar prácticas de prescripción, cuestionar inercias terapéuticas y reforzar algo tan básico —y tan necesario— como la revisión periódica de los tratamientos crónicos. 

Una lectura muy recomendable para profesionales que atienden a personas mayores y especialmente útil en atención primaria, donde la revisión de la medicación sigue siendo una de las intervenciones con mayor impacto en seguridad del paciente.


+ info
Ministerio de Sanidad. Utilización de fármacos crónicos en las personas polimedicadas de 65 y más años y su relación con la morbilidad: Base de Datos Clínicos de Atención Primaria-BDCAP. Series 8. [Publicación en Internet]. Madrid 2026.

Publicado por Rosa Añel

Cómo citar este artículo:
Añel Rodríguez RM. Polimedicación en personas de 65 y más años en España: prevalencia, patrones y retos clínicos. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [22 de marzo de 2026; consultado 22 de marzo de 2026]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2026/03/polimedicacion-en-personas-de-65-y-mas.html


Complejidad, atención geriátrica y seguridad del paciente

La atención a las personas mayores suele describirse como complicada. Pero en realidad es más que eso: es compleja. Múltiples factores interactúan entre sí, los cambios pueden amplificarse de forma inesperada y los resultados no siempre siguen trayectorias previsibles.

Aunque usamos los términos “complicado” y “complejo” indistintamente, conviene detenerse en los matices. Una situación complicada está compuesta por muchos elementos y variables, pero sus relaciones tienden a ser estables y, con análisis y tiempo suficientes, se puede llegar a entender su funcionamiento y sus interacciones para abordarla de forma adecuada. Una situación compleja, en cambio, se caracteriza por interacciones dinámicas, con retroalimentación y adaptación constante; incluso disponiendo de la mejor información y un análisis cuidadoso, siempre queda una parte de incertidumbre, porque el sistema cambia mientras lo observamos y mientras intervenimos. Las situaciones complejas son más difíciles de abordar que las situaciones complicadas.

En la atención a las personas mayores confluyen ambas circunstancias: el abordaje de los problemas de salud es complicado (multimorbilidad, fragilidad, polifarmacia, necesidad de conciliación y coordinación de las diferentes intervenciones, etc.) y se trata de una realidad compleja, donde la seguridad de la asistencia depende de reconocer interacciones, puntos de inflexión y cascadas de intervenciones inadecuadas. 

La Revista de la Sociedad Americana de Geriatría ha publicado un editorial titulado Cuando las pequeñas cosas suman: aprovechar la teoría de la emergencia para decodificar la complejidad en la atención geriátrica, que parte de la premisa de que los pacientes geriátricos funcionan como sistemas complejos: pequeñas variaciones pueden desencadenar cambios bruscos y desestabilizadores.

La complejidad clínica se define como la interacción dinámica entre múltiples condicionantes y características del propio paciente y factores del sistema sanitario. Una interacción que genera trayectorias no lineales, efectos emergentes y un elevado nivel de incertidumbre. 

Las autoras proponen un marco conceptual para comprender y abordar esta complejidad. Los resultados en salud no pueden explicarse únicamente por factores clínicos aislados, sino por la interacción entre cuatro dominios (biológico, funcional, psicológico/cognitivo y social) y por las propiedades emergentes que surgen de esa interacción.

Las propiedades emergentes ayudan a entender por qué la evolución clínica de las personas mayores resulta difícil de predecir. Entre ellas destacan cuatro conceptos clave de la teoría de la complejidad: 

  1. Dinámica no lineal. En los sistemas complejos los efectos no son proporcionales a las causas. En geriatría, un desencadenante aparentemente menor —una infección leve, un cambio de medicación o una alteración social— puede precipitar eventos importantes como delirium, fragilidad o pérdida de autonomía.
  2. Autoorganización. Los sistemas complejos generan patrones de funcionamiento sin que exista un control central. En la práctica clínica esto se observa en cómo pacientes, familias y profesionales desarrollan rutinas y estrategias adaptativas para afrontar las limitaciones funcionales o cognitivas.
  3. Transiciones de fase o puntos de inflexión. Cuando se supera un determinado umbral, el sistema puede cambiar bruscamente de estado. En geriatría esto se refleja, por ejemplo, en el paso relativamente repentino de una situación estable a la fragilidad o a la discapacidad tras una situación de estrés aparentemente menor.
  4. Dependencia de la trayectoria. Las decisiones y eventos tempranos condicionan las posibilidades futuras. Intervenciones iniciales, hospitalizaciones o procesos de descompensación pueden marcar trayectorias de deterioro que después resultan difíciles de modificar.

Resumen gráfico de la teoría de la complejidad aplicada a la atención geriátrica. Traducido al español por Rosa Añel para Sano y salvo, del original "When Little Things Add Up: Harnessing Emergence Theory to Decode Complexity in Geriatric Care" publicado en la revista Journal of American Geriatrics Society.


Desde esta perspectiva y como se muestra en la figura, las autoras recomiendan estas cuatro líneas de acción en la práctica clínica:

  1. Evaluación dinámica a lo largo del tiempo. Más que “fotografías” puntuales, proponen una monitorización sensible a cambios y fluctuaciones que pueden actuar como señales tempranas. Por ejemplo, variaciones funcionales o cambios cognitivos sutiles.
  2. Detección temprana de señales de deterioro. La vigilancia de cambios leves pero significativos requiere que profesionales y personas cuidadoras estén preparadas para reconocerlos y actuar con rapidez, evitando que se consoliden en "trayectorias de deterioro". Por ejemplo, cambios en la marcha, el apetito, el sueño, el estado de ánimo o la cognición.
  3. Prevención de cascadas de eventos adversos. Los eventos adversos rara vez ocurren de forma aislada: se retroalimentan en bucles que amplifican la vulnerabilidad del paciente a lo largo del tiempo. Prevenirlos exige identificar los “puntos de intervención de alto impacto” capaces de interrumpir esas cascadas, como sucede con las interacciones y efectos secundarios de la polifarmacia, o con las consecuencias de la inmovilización por hospitalización o cirugía.
  4. Plan de cuidados interdisciplinar. Dado que los problemas se retroalimentan entre los cuatro dominios (biológico, funcional, psicológico y social), los enfoques aislados o específicos para el abordaje de cada enfermedad resultan insuficientes. Se necesitan intervenciones combinadas y coordinadas que generen efectos sinérgicos y sostenibles. Por ejemplo, en un plan de acción dirigido a un paciente frágil, mejorar el estado nutricional combinado con entrenamiento de fuerza y equilibrio facilita su participación en actividades grupales estructuradas y reduce el aislamiento, con efectos positivos en el estado de ánimo y bienestar psicológico. 

En términos prácticos, aplicar la teoría de la complejidad a la asistencia geriátrica implica cambiar el enfoque clínico: pasar de una gestión estática, reactiva y centrada en enfermedades aisladas a una planificación de la atención más dinámica, proactiva y orientada a la persona.


+ info:
Izquierdo-Porrera AM, Kheirbek RE, Sorkin JD. When Little Things Add Up: Harnessing Emergence Theory to Decode Complexity in Geriatric Care. J Am Geriatr Soc. 2025 Dec 23. doi: 10.1111/jgs.70239. Epub ahead of print. PMID: 41437418.

Publicado por: Rosa Añel y Elena Serrano

Cómo citar este artículo: 
Añel Rodríguez RM, Serrano Ferrández E. Complejidad, atención geriátrica y seguridad del paciente. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [10 de marzo de 2026; consultado 10 de marzo de 2026]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2026/03/complejidad-atencion-geriatrica-y.html


Aprender a olvidar para atender mejor: desimplementación y sostenibilidad de las intervenciones sanitarias

En un contexto marcado por la presión asistencial, la fascinación tecnológica, la intolerancia a la incertidumbre y la cultura del “por si acaso”, resulta casi inevitable que las intervenciones sanitarias se acumulen. Desde las actividades preventivas y las recomendaciones de las guías de práctica clínica hasta las pruebas diagnósticas y los tratamientos, las “novedades” se incorporan sin retirar aquello a lo que venían a sustituir. El resultado es una práctica clínica que suma capas de intervenciones sin depurar lo que ya no aporta valor.

Esta dinámica no solo compromete la eficiencia del sistema, también afecta a la calidad de la asistencia y a la seguridad del paciente. Como hemos señalado anteriormente en este blog, en el ámbito sanitario hacer más no siempre es mejor.

Precisamente este es el punto de partida del editorial "Aprender a olvidar: la desimplementación y la ciencia de la sostenibilidad en la atención sanitaria", publicado en abierto en BMJ Quality & Safety. 

Las autoras defienden que la sostenibilidad de las prácticas sanitarias no es sinónimo de mantenimiento estático, sino de evolución. El sistema ha de adaptarse continuamente y reaprender, conservando lo útil y olvidando de forma deliberada lo que ya se ha demostrado que no beneficia a los pacientes. En palabras de Flynn y colaboradoras, "el cambio no solo fracasa porque los profesionales no aprenden; hay muchas razones, una de ellas es que los sistemas no olvidan". 

Los sistemas de salud, como quienes trabajan en ellos, están moldeados por fuerzas cognitivas y estructurales que perpetúan prácticas desfasadas. Son los llamados "artefactos de memoria del sistema": información, recomendaciones y órdenes obsoletas que permanecen incrustadas en plantillas, circuitos,  protocolos y sistemas de ayuda a la toma de decisiones, y que siguen condicionando la atención mucho después de que la evidencia haya cambiado de sentido. 

La sostenibilidad exige algo más que formación o divulgación de guías de práctica clínica: exige pensamiento crítico y desaprendizaje deliberado. Es un proceso continuo orientado a estabilizar el sistema en torno a formas de trabajo mejoradas y alineadas con la mejor evidencia disponible en cada momento.

Marco conceptual para la sostenibilidad de los sistemas sanitarios, traducido al español del original "Learning to forget: deimplementation and the science of sustainability in healthcare" por Rosa Añel para Sano y salvo


Entre los aspectos clave para llevar este marco en la práctica, destacan los siguientes:  

  1. Adoptar no basta sin retirar. La incorporación de prácticas nuevas no garantiza la sostenibilidad si las anteriores permanecen intactas: incluso intervenciones con buena evidencia pueden verse arrastradas por rutinas obsoletas arraigadas en las organizaciones. 
  2. Desaprender exige método. No ocurre de forma espontánea: requiere un esfuerzo planificado para revisar lo que se está haciendo y eliminar las intervenciones cuya continuidad añade riesgos para los pacientes, sobrecarga a los profesionales y supone un despilfarro para el sistema. 
  3. Desimplementar no es “quitar por quitar”. Es un proceso que requiere medir y evaluar sistemáticamente los resultados, para identificar las prácticas de bajo valor y retirarlas, liberando espacio, tiempo y recursos para la atención de alto valor.

Mientras que los sistemas que se resisten a desaprender no consiguen desimplementar lo obsoleto, los sistemas sostenibles son los que identifican qué conservar y qué retirar, equilibrando implementación y desimplementación. 

Pero, para que la desimplementación ocurra de verdad, se necesitan políticas que la incentiven. Solo así la sostenibilidad dejará de ser un eslogan. Hace falta gobernanza (responsables identificados para revisar y retirar artefactos de memoria), incentivos alineados con el valor (premiar la retirada de prácticas de bajo rendimiento, no solo la incorporación de novedades) y evaluación continua (medir el impacto clínico y organizativo de lo que se introduce y de lo que se retira). Porque sostener lo que funciona y dejar ir lo que no, también es, en última instancia, seguridad del paciente.

Hablar de prácticas sostenibles es hablar de viabilidad futura de la asistencia sanitaria: una atención más precisa y adecuada, capaz de evolucionar con la evidencia. 

+ info: 
Flynn R, Cassidy C, Scott SD. Learning to forget: deimplementation and the science of sustainability in healthcare. BMJ Quality & Safety. Published Online First: 06 January 2026.
Zurynski, Y., Ludlow, K., Testa, L. et al. Built to last? Barriers and facilitators of healthcare program sustainability: a systematic integrative review. 2023. Implementation Sci 18, 62.

Ver en este blog otras entradas sobre prácticas de bajo valor y recomendaciones no hacer

Publicado por Rosa Añel y Jesús Palacio

Cómo citar este artículo:
Añel Rodríguez RM, Palacio Lapuente J. Aprender a olvidar para atender mejor: desimplementación y sostenibilidad de las intervenciones sanitarias. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [8 de febrero de 2026; consultado 8 de febrero de 2026]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2026/02/aprender-olvidar-para-atender-mejor.html


La confianza del médico en el paciente, a examen: impacto de la longitudinalidad


La revista Annals of Family Medicine ha publicado los resultados de un estudio de investigación cualitativa, realizado para indagar sobre qué significa para los médicos de familia confiar en sus pacientes, qué relación guarda la confianza con la longitudinalidad, y cuáles son los factores que facilitan u obstaculizan establecer esa relación de confianza.

A partir del análisis de contenido de las entrevistas semiestructuradas realizadas a 25 médicos de familia en Australia, las autoras han identificado tres hallazgos clave:

  1. La confianza en el paciente se asume de inicio, como base de la relación y como elemento con efecto terapéutico.
  2. La confianza se construye y se fortalece con el tiempo: la participación activa del paciente en su autocuidado la refuerza y, a su vez, la confianza del médico favorece la autonomía del paciente.
  3. La confianza se resiente cuando el profesional percibe, por parte del paciente, la búsqueda de algún beneficio secundario o algún intento de manipular la relación; aun así, los médicos de familia intentan comprender el contexto del paciente y reconstruir la relación.

El estudio no propone intervenciones concretas, pero sí establece el marco relacional sobre el que descansan las decisiones clínicas seguras en el día a día de las consultas de atención primaria: la longitudinalidad o continuidad en el tiempo de la relación entre el médico de familia y sus pacientes.

El conocimiento y la confianza mutua mejoran la calidad de la anamnesis, la detección precoz de cambios y señales de alarma, la toma de decisiones compartidas, el establecimiento de acuerdos realistas de cuidado y la adecuación de pruebas y tratamientos. Esto es especialmente relevante en el caso de los pacientes con mayor carga de enfermedad y con elevadas necesidades de atención sanitaria. 

En contextos especialmente complejos, los médicos de familia necesitan apoyo organizativo y unas condiciones de trabajo que permitan construir relaciones de confianza. Cuando los pacientes confían en su médico de cabecera y el médico confía en sus pacientes, la relación terapéutica se fortalece, mejora la toma de decisiones compartidas y los resultados son más satisfactorios para ambas partes. 

La longitudinalidad contribuye a reducir los efectos negativos derivados de la incertidumbre, la fragmentación de la asistencia y el uso inadecuado de otros recursos. Como hemos señalado anteriormente en este blog, la longitudinalidad reduce las intervenciones innecesarias y el daño evitable.

La longitudinalidad, como la confianza, ha de ser bidireccional: el paciente identifica a su médico de cabecera como fuente principal y prioritaria de cuidados, y el médico se compromete y se implica como profesional de referencia para atender la mayoría de los problemas de salud de los pacientes de su cupo. 

Las decisiones de gestión han de potenciar la longitudinalidad, no dificultarla. Medidas como priorizar la atención por el profesional o equipo de referencia, favorecer las consultas programadas, proteger la accesibilidad para reconsultar cuando sea necesario (p. ej., franjas de agenda reservadas para seguimiento con el profesional de referencia y adaptación de los canales de solicitud de citas, con menos burocracia), estabilizar cupos y equipos, y limitar rotaciones y cambios innecesarios, entre otras, refuerzan la confianza y el vínculo terapéutico. 

Los resultados de este nuevo estudio no hacen más que corroborar la evidencia preexistente: que la longitudinalidad impacta en la seguridad clínica y que, en la relación médico-paciente, la confianza se protege protegiendo la longitudinalidad.

+ info: 
Uebel K. et al. General Practitioners’ Trust in Their Patients: A Qualitative Study. The Annals of Family Medicine. 2025, 23(6): 500-506.
Publicado por Rosa Añel

Cómo citar esta entrada: 
Añel Rodríguez RM. La confianza del médico en el paciente, a examen: impacto de la longitudinalidad. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [27 de enero de 2026; consultado 27 de enero de 2026]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2026/01/la-confianza-del-medico-en-el-paciente.html


Medicamentos a evitar para una atención más segura: la lista negra de Prescrire 2026


Desde el año 2013, la revista francesa Prescrire publica anualmente su lista de medicamentos a evitar para mejorar la calidad y la seguridad de la asistencia sanitaria. Esta revisión, resultado de una metodología fiable, rigurosa e independiente, proporciona una lista documentada de medicamentos que son más peligrosos que beneficiosos, para no exponer a los pacientes a riesgos desproporcionados. 

La “lista negra” de medicamentos a evitar en 2026 está compuesta por 108 medicamentos en los que se ha identificado un balance beneficio-riesgo negativo para todas las indicaciones enumeradas en su autorización de comercialización, en Francia o en la Unión Europea. Sobre ellos, Prescrire ofrece información detallada del motivo por el cual suponen un riesgo para los pacientes y, cuando es posible, de las alternativas terapéuticas más adecuadas.

En la lista de 2026 se añaden cuatro nuevos fármacos y salen dos de los que estaban incluidos en años anteriores, todos ellos autorizados en España. 

Los cuatro nuevos fármacos a evitar, porque exponen a los pacientes a efectos adversos desproporcionados a su falta de eficacia clínica, eficacia incierta o eficacia demasiado modesta en comparación con un placebo, son los siguientes:

  1. Andexanet alfa (▼Ondexxya®, uso exlcusivamente hospitalario en España), un antídoto para los anticoagulantes de acción directa que actúan inhibiendo el factor Xa (apixaban, rivaroxaban, edoxaban) autorizado para hemorragias graves en pacientes tratados con estos anticoagulantes, expone a eventos tromboembólicos graves en comparación con la atención habitual.
  2. Condroitina (Condrosulf® u otros), un ácido mucopolisacárido propuesto para la osteoartritis sin evidencia de eficacia clínica, expone a los pacientes a efectos adversos a veces graves, incluidas reacciones de hipersensibilidad (eritema, urticaria, edema de Quincke).
  3. Fezolinetan (▼Veoza®), un medicamento autorizado para los sofocos relacionados con la menopausia, expone a las pacientes a efectos adversos desproporcionados que incluyen hepatotoxicidad, trastornos digestivos y neuropsiquiátricos, así como dolor en diversas localizaciones.
  4. Gefapixant (▼Lyfnua®), primer medicamento autorizado en la Unión Europea para pacientes afectados por tos crónica (tos que dura más de 8 semanas y no desaparece incluso después de utilizar otros medicamentos o se desconoce su origen), expone muy frecuentemente a trastornos del gusto, neumonía y litiasis urinaria.

Los dos fármacos que desaparecen de la lista negra son los siguientes: 

  1. Ácido obeticólico (anteriormente comercializado como ▼Ocaliva®), cuya autorización de comercialización fue revocada por la Unión Europea. Este derivado de los ácidos biliares estuvo autorizado para la colangitis biliar primaria. En este contexto, no mejora la condición de los pacientes, ni en monoterapia ni en combinación con ácido ursodesoxicólico. Con frecuencia empeora los síntomas principales de la enfermedad (prurito y fatiga) y parece presentar riesgo de efectos adversos hepáticos graves, a veces mortales.
  2. Piracetam (Nootropil® u otro), un psicoestimulante que está autorizado para diversas situaciones clínicas como el vértigo, los déficits cognitivos y neurosensoriales en ancianos, la dislexia en niños y las mioclonías de origen cortical. Tras un reanálisis en 2025 de su relación beneficio-riesgo en las mioclonías corticales, los datos muestran un posible, aunque incierto, beneficio clínico en esta rara afección. Esta evaluación solo incluye medicamentos que son más peligrosos que beneficiosos en todas las indicaciones incluidas en su autorización de comercialización; por lo tanto, el piracetam se elimina de la lista. Sin embargo, su balance beneficio-riesgo sigue siendo desfavorable en las demás situaciones contempladas en su autorización: carece de eficacia clínica demostrada, a la vez que expone a los pacientes a hemorragias, nerviosismo, agitación y aumento de peso.


Como hemos destacado en años previos en este blog, la “lista negra” es una gran ayuda para seleccionar con sentido crítico qué medicamentos iniciamos y cuáles mantenemos o no en función de su balance beneficio-riesgo. 

Hace dos años publicamos la relación completa, adaptada y traducida al español, de los 105 medicamentos a evitar en 2024, explicando caso a caso por qué son más peligrosos que útiles, e indicando las alternativas a utilizar. En 2025 se añadió la reboxetina (Norebox®, Irenor®), no autorizada en Francia pero sí en España; se volvió a incluir la fenfluramina (▼Fintepla®) y se retiró ulipristal 5 mg (Esmya®).

Integrar estas recomendaciones en los acuerdos de gestión y en las herramientas de apoyo a la prescripción ayudaría al uso seguro de la medicación. Además, los profesionales de atención primaria podemos divulgar este conocimiento en nuestros centros de salud y unidades docentes. Así lo hicieron en esta sesión del año pasado de Docencia Rafalafena (Castellón), centrada en los medicamentos de mayor interés de uso habitual en atención primaria. También en el Centro de Salud Calaceite (Teruel), en una sesión sobre la edición más reciente de la lista de Prescrire, cuya presentación se ofrece a continuación con permiso de la autora para su uso en otros centros.

Contenidos de la sesión clínica "La lista negra de Prescrire 2026" elaborada por Maria Escorihuela


En atención primaria podemos traducir la "lista negra" de Prescrire en acciones concretas: evitar iniciar tratamientos con estos fármacos salvo indicación excepcional y justificada; buscar alternativas más seguras y efectivas cuando existan; planificar su deprescripción consensuando con el paciente un plan de retirada; realizar un seguimiento más estrecho, estar atentos a las señales de alarma y notificar cualquier sospecha de reacción adversa al Sistema Español de Farmacovigilancia

+ info
Para mejorar la atención médica, algunos medicamentos que conviene evitar: una revisión de 2026
Medicamentos a evitar para una atención más segura: la lista negra de Prescrire 2024

Cómo citar esta entrada: 
Escorihuela Gimeno M., Añel Rodriguez RM, Palacio Lapuente J. Medicamentos a evitar para una atención más segura: la lista negra de Prescrire 2026. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [7 de enero de 2026; consultado 7 de enero de 2026]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2026/01/medicamentos-evitar-para-una-atencion.html