Polimedicación en personas de 65 y más años en España: prevalencia, patrones y retos clínicos


La polimedicación afecta a una de cada tres personas mayores en España. Con este dato arranca el informe publicado en enero de 2026 por el Ministerio de Sanidad. Bajo el título Utilización de fármacos crónicos en las personas polimedicadas de 65 y más años y su relación con la morbilidad, el informe aporta un análisis detallado de la información extraída de la Base de Datos Clínicos de Atención Primaria (BDCAP) del año 2023. 

Se trata de un documento de especial interés para profesionales de atención primaria, salud pública y gestión sanitaria, porque aborda la polimedicación no solo como fenómeno cuantitativo, sino como expresión clínica de la carga de enfermedad en las personas mayores. 

Definida como el consumo crónico de cinco o más principios activos distintos, la polimedicación afecta al 30% de la población de 65 y más años. Su prevalencia aumenta progresivamente con la edad, alcanzando un máximo en el grupo de 85–94 años, donde casi la mitad de los pacientes (45%) están polimedicados. A partir de los 95 años, esta proporción desciende hasta el 31%, probablemente en relación con una menor intensidad terapéutica y con procesos de deprescripción selectiva al final de la vida.

Los datos reflejan que la polimedicación está estrechamente ligada a la morbilidad. Las diferencias relativas son especialmente marcadas en insuficiencia cardiaca (≈7 veces más frecuente); cardiopatía isquémica (≈5 veces); enfermedad cerebrovascular e insuficiencia renal crónica (≈4 veces), y diabetes mellitus (≈3 veces). Es decir, la polimedicación no es un fenómeno arbitrario, sino un espejo de la multimorbilidad.

El informe muestra que la edad no solo incrementa la probabilidad de polimedicación, sino que también modifica el perfil de los tratamientos. En general, en las edades más avanzadas disminuye el peso relativo de algunos tratamientos preventivos y aumenta el de los tratamientos sintomáticos o de control clínico. Este hallazgo puede explicarse por la propia evolución de las enfermedades y por las decisiones profesionales orientadas a la seguridad clínica. Es el caso de la menor utilización de AINE en edades muy avanzadas o la reducción del uso de estatinas en los mayores de 95 años.

Las diferencias por sexo, aunque discretas en términos absolutos, son consistentes: el 31% de las mujeres están polimedicadas frente al 28% de los hombres, en el grupo de edad de 65 y más años. Más relevantes que las diferencias globales son las observadas en el tipo de fármacos. En mujeres son más frecuentes los tratamientos relacionados con patología ósea (antiosteoporóticos, calcio, vitamina D), tiroidea, salud mental y dolor, mientras que en hombres predominan los tratamientos cardiovasculares (antiagregantes, anticoagulantes, estatinas), urológicos, antidiabéticos y respiratorios. Este patrón refleja tanto diferencias de morbilidad como variaciones en la práctica clínica.

Uno de los apartados metodológicamente más sugerentes del informe es el análisis ecológico que compara, por grupos de edad, la prevalencia de determinados problemas de salud con el porcentaje de personas polimedicadas que utilizan de forma crónica los fármacos indicados para esas patologías. Aun con la limitación propia de un estudio ecológico —no vincula directamente diagnóstico y prescripción en cada paciente individual, sino que compara datos poblacionales— este enfoque permite identificar posibles áreas de sobreutilización e infrautilización.

El análisis realizado permite distinguir cuatro situaciones clínicas relevantes:

  1. Situación esperable: uso del medicamento acorde con la prevalencia de la enfermedad.
  2. Posible sobreutilización: cuando el uso del fármaco supera claramente la prevalencia estimada de la enfermedad.
  3. Posible infratratamiento: cuando el uso del fármaco es inferior a la prevalencia del problema de salud.
  4. Situaciones difíciles de interpretar, como el caso especial de los fármacos cardiovasculares. Los antihipertensivos, anticoagulantes, antiagregantes, diuréticos, betabloqueantes y antagonistas del calcio se consideran medicamentos de “difícil valoración”, porque su indicación no se limita al tratamiento de una enfermedad ya establecida, sino que incluye otras situaciones como prevención primaria y secundaria, indicación de uso en otro tipo de patologías, y variabilidad en los umbrales diagnósticos y objetivos terapéuticos. 



Más que ofrecer respuestas definitivas, el análisis realizado señala dónde conviene revisar la práctica clínica. Porque el problema real no es cuántos fármacos se prescriben, sino si su uso es adecuado, seguro y coherente con la situación clínica del paciente.

La polimedicación no siempre es inapropiada. En algunos casos es simplemente la consecuencia de tratar adecuadamente a pacientes con múltiples enfermedades crónicas. El reto clínico no es reducir el número de fármacos per se, sino mejorar su adecuación. Para ello se proponen las siguientes recomendaciones:

  1. Revisar y optimizar periódicamente la indicación de cada fármaco.
  2. Identificar tratamientos duplicados o sin indicación vigente.
  3. Reevaluar el balance beneficio-riesgo de forma individualizada, especialmente en pacientes con fragilidad, deterioro funcional o esperanza de vida limitada.
  4. Incorporar estrategias estructuradas de deprescripción.

En un contexto de envejecimiento acelerado, informes como este ayudan a pasar de la intuición a los datos, y ofrecen un buen punto de partida para revisar prácticas de prescripción, cuestionar inercias terapéuticas y reforzar algo tan básico —y tan necesario— como la revisión periódica de los tratamientos crónicos. 

Una lectura muy recomendable para profesionales que atienden a personas mayores y especialmente útil en atención primaria, donde la revisión de la medicación sigue siendo una de las intervenciones con mayor impacto en seguridad del paciente.


+ info
Ministerio de Sanidad. Utilización de fármacos crónicos en las personas polimedicadas de 65 y más años y su relación con la morbilidad: Base de Datos Clínicos de Atención Primaria-BDCAP. Series 8. [Publicación en Internet]. Madrid 2026.

Publicado por Rosa Añel

Cómo citar este artículo:
Añel Rodríguez RM. Polimedicación en personas de 65 y más años en España: prevalencia, patrones y retos clínicos. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [22 de marzo de 2026; consultado 22 de marzo de 2026]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2026/03/polimedicacion-en-personas-de-65-y-mas.html


Complejidad, atención geriátrica y seguridad del paciente

La atención a las personas mayores suele describirse como complicada. Pero en realidad es más que eso: es compleja. Múltiples factores interactúan entre sí, los cambios pueden amplificarse de forma inesperada y los resultados no siempre siguen trayectorias previsibles.

Aunque usamos los términos “complicado” y “complejo” indistintamente, conviene detenerse en los matices. Una situación complicada está compuesta por muchos elementos y variables, pero sus relaciones tienden a ser estables y, con análisis y tiempo suficientes, se puede llegar a entender su funcionamiento y sus interacciones para abordarla de forma adecuada. Una situación compleja, en cambio, se caracteriza por interacciones dinámicas, con retroalimentación y adaptación constante; incluso disponiendo de la mejor información y un análisis cuidadoso, siempre queda una parte de incertidumbre, porque el sistema cambia mientras lo observamos y mientras intervenimos. Las situaciones complejas son más difíciles de abordar que las situaciones complicadas.

En la atención a las personas mayores confluyen ambas circunstancias: el abordaje de los problemas de salud es complicado (multimorbilidad, fragilidad, polifarmacia, necesidad de conciliación y coordinación de las diferentes intervenciones, etc.) y se trata de una realidad compleja, donde la seguridad de la asistencia depende de reconocer interacciones, puntos de inflexión y cascadas de intervenciones inadecuadas. 

La Revista de la Sociedad Americana de Geriatría ha publicado un editorial titulado Cuando las pequeñas cosas suman: aprovechar la teoría de la emergencia para decodificar la complejidad en la atención geriátrica, que parte de la premisa de que los pacientes geriátricos funcionan como sistemas complejos: pequeñas variaciones pueden desencadenar cambios bruscos y desestabilizadores.

La complejidad clínica se define como la interacción dinámica entre múltiples condicionantes y características del propio paciente y factores del sistema sanitario. Una interacción que genera trayectorias no lineales, efectos emergentes y un elevado nivel de incertidumbre. 

Las autoras proponen un marco conceptual para comprender y abordar esta complejidad. Los resultados en salud no pueden explicarse únicamente por factores clínicos aislados, sino por la interacción entre cuatro dominios (biológico, funcional, psicológico/cognitivo y social) y por las propiedades emergentes que surgen de esa interacción.

Las propiedades emergentes ayudan a entender por qué la evolución clínica de las personas mayores resulta difícil de predecir. Entre ellas destacan cuatro conceptos clave de la teoría de la complejidad: 

  1. Dinámica no lineal. En los sistemas complejos los efectos no son proporcionales a las causas. En geriatría, un desencadenante aparentemente menor —una infección leve, un cambio de medicación o una alteración social— puede precipitar eventos importantes como delirium, fragilidad o pérdida de autonomía.
  2. Autoorganización. Los sistemas complejos generan patrones de funcionamiento sin que exista un control central. En la práctica clínica esto se observa en cómo pacientes, familias y profesionales desarrollan rutinas y estrategias adaptativas para afrontar las limitaciones funcionales o cognitivas.
  3. Transiciones de fase o puntos de inflexión. Cuando se supera un determinado umbral, el sistema puede cambiar bruscamente de estado. En geriatría esto se refleja, por ejemplo, en el paso relativamente repentino de una situación estable a la fragilidad o a la discapacidad tras una situación de estrés aparentemente menor.
  4. Dependencia de la trayectoria. Las decisiones y eventos tempranos condicionan las posibilidades futuras. Intervenciones iniciales, hospitalizaciones o procesos de descompensación pueden marcar trayectorias de deterioro que después resultan difíciles de modificar.

Resumen gráfico de la teoría de la complejidad aplicada a la atención geriátrica. Traducido al español por Rosa Añel para Sano y salvo, del original "When Little Things Add Up: Harnessing Emergence Theory to Decode Complexity in Geriatric Care" publicado en la revista Journal of American Geriatrics Society.


Desde esta perspectiva y como se muestra en la figura, las autoras recomiendan estas cuatro líneas de acción en la práctica clínica:

  1. Evaluación dinámica a lo largo del tiempo. Más que “fotografías” puntuales, proponen una monitorización sensible a cambios y fluctuaciones que pueden actuar como señales tempranas. Por ejemplo, variaciones funcionales o cambios cognitivos sutiles.
  2. Detección temprana de señales de deterioro. La vigilancia de cambios leves pero significativos requiere que profesionales y personas cuidadoras estén preparadas para reconocerlos y actuar con rapidez, evitando que se consoliden en "trayectorias de deterioro". Por ejemplo, cambios en la marcha, el apetito, el sueño, el estado de ánimo o la cognición.
  3. Prevención de cascadas de eventos adversos. Los eventos adversos rara vez ocurren de forma aislada: se retroalimentan en bucles que amplifican la vulnerabilidad del paciente a lo largo del tiempo. Prevenirlos exige identificar los “puntos de intervención de alto impacto” capaces de interrumpir esas cascadas, como sucede con las interacciones y efectos secundarios de la polifarmacia, o con las consecuencias de la inmovilización por hospitalización o cirugía.
  4. Plan de cuidados interdisciplinar. Dado que los problemas se retroalimentan entre los cuatro dominios (biológico, funcional, psicológico y social), los enfoques aislados o específicos para el abordaje de cada enfermedad resultan insuficientes. Se necesitan intervenciones combinadas y coordinadas que generen efectos sinérgicos y sostenibles. Por ejemplo, en un plan de acción dirigido a un paciente frágil, mejorar el estado nutricional combinado con entrenamiento de fuerza y equilibrio facilita su participación en actividades grupales estructuradas y reduce el aislamiento, con efectos positivos en el estado de ánimo y bienestar psicológico. 

En términos prácticos, aplicar la teoría de la complejidad a la asistencia geriátrica implica cambiar el enfoque clínico: pasar de una gestión estática, reactiva y centrada en enfermedades aisladas a una planificación de la atención más dinámica, proactiva y orientada a la persona.


+ info:
Izquierdo-Porrera AM, Kheirbek RE, Sorkin JD. When Little Things Add Up: Harnessing Emergence Theory to Decode Complexity in Geriatric Care. J Am Geriatr Soc. 2025 Dec 23. doi: 10.1111/jgs.70239. Epub ahead of print. PMID: 41437418.

Publicado por: Rosa Añel y Elena Serrano

Cómo citar este artículo: 
Añel Rodríguez RM, Serrano Ferrández E. Complejidad, atención geriátrica y seguridad del paciente. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [10 de marzo de 2026; consultado 10 de marzo de 2026]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2026/03/complejidad-atencion-geriatrica-y.html


Aprender a olvidar para atender mejor: desimplementación y sostenibilidad de las intervenciones sanitarias

En un contexto marcado por la presión asistencial, la fascinación tecnológica, la intolerancia a la incertidumbre y la cultura del “por si acaso”, resulta casi inevitable que las intervenciones sanitarias se acumulen. Desde las actividades preventivas y las recomendaciones de las guías de práctica clínica hasta las pruebas diagnósticas y los tratamientos, las “novedades” se incorporan sin retirar aquello a lo que venían a sustituir. El resultado es una práctica clínica que suma capas de intervenciones sin depurar lo que ya no aporta valor.

Esta dinámica no solo compromete la eficiencia del sistema, también afecta a la calidad de la asistencia y a la seguridad del paciente. Como hemos señalado anteriormente en este blog, en el ámbito sanitario hacer más no siempre es mejor.

Precisamente este es el punto de partida del editorial "Aprender a olvidar: la desimplementación y la ciencia de la sostenibilidad en la atención sanitaria", publicado en abierto en BMJ Quality & Safety. 

Las autoras defienden que la sostenibilidad de las prácticas sanitarias no es sinónimo de mantenimiento estático, sino de evolución. El sistema ha de adaptarse continuamente y reaprender, conservando lo útil y olvidando de forma deliberada lo que ya se ha demostrado que no beneficia a los pacientes. En palabras de Flynn y colaboradoras, "el cambio no solo fracasa porque los profesionales no aprenden; hay muchas razones, una de ellas es que los sistemas no olvidan". 

Los sistemas de salud, como quienes trabajan en ellos, están moldeados por fuerzas cognitivas y estructurales que perpetúan prácticas desfasadas. Son los llamados "artefactos de memoria del sistema": información, recomendaciones y órdenes obsoletas que permanecen incrustadas en plantillas, circuitos,  protocolos y sistemas de ayuda a la toma de decisiones, y que siguen condicionando la atención mucho después de que la evidencia haya cambiado de sentido. 

La sostenibilidad exige algo más que formación o divulgación de guías de práctica clínica: exige pensamiento crítico y desaprendizaje deliberado. Es un proceso continuo orientado a estabilizar el sistema en torno a formas de trabajo mejoradas y alineadas con la mejor evidencia disponible en cada momento.

Marco conceptual para la sostenibilidad de los sistemas sanitarios, traducido al español del original "Learning to forget: deimplementation and the science of sustainability in healthcare" por Rosa Añel para Sano y salvo


Entre los aspectos clave para llevar este marco en la práctica, destacan los siguientes:  

  1. Adoptar no basta sin retirar. La incorporación de prácticas nuevas no garantiza la sostenibilidad si las anteriores permanecen intactas: incluso intervenciones con buena evidencia pueden verse arrastradas por rutinas obsoletas arraigadas en las organizaciones. 
  2. Desaprender exige método. No ocurre de forma espontánea: requiere un esfuerzo planificado para revisar lo que se está haciendo y eliminar las intervenciones cuya continuidad añade riesgos para los pacientes, sobrecarga a los profesionales y supone un despilfarro para el sistema. 
  3. Desimplementar no es “quitar por quitar”. Es un proceso que requiere medir y evaluar sistemáticamente los resultados, para identificar las prácticas de bajo valor y retirarlas, liberando espacio, tiempo y recursos para la atención de alto valor.

Mientras que los sistemas que se resisten a desaprender no consiguen desimplementar lo obsoleto, los sistemas sostenibles son los que identifican qué conservar y qué retirar, equilibrando implementación y desimplementación. 

Pero, para que la desimplementación ocurra de verdad, se necesitan políticas que la incentiven. Solo así la sostenibilidad dejará de ser un eslogan. Hace falta gobernanza (responsables identificados para revisar y retirar artefactos de memoria), incentivos alineados con el valor (premiar la retirada de prácticas de bajo rendimiento, no solo la incorporación de novedades) y evaluación continua (medir el impacto clínico y organizativo de lo que se introduce y de lo que se retira). Porque sostener lo que funciona y dejar ir lo que no, también es, en última instancia, seguridad del paciente.

Hablar de prácticas sostenibles es hablar de viabilidad futura de la asistencia sanitaria: una atención más precisa y adecuada, capaz de evolucionar con la evidencia. 

+ info: 
Flynn R, Cassidy C, Scott SD. Learning to forget: deimplementation and the science of sustainability in healthcare. BMJ Quality & Safety. Published Online First: 06 January 2026.
Zurynski, Y., Ludlow, K., Testa, L. et al. Built to last? Barriers and facilitators of healthcare program sustainability: a systematic integrative review. 2023. Implementation Sci 18, 62.

Ver en este blog otras entradas sobre prácticas de bajo valor y recomendaciones no hacer

Publicado por Rosa Añel y Jesús Palacio

Cómo citar este artículo:
Añel Rodríguez RM, Palacio Lapuente J. Aprender a olvidar para atender mejor: desimplementación y sostenibilidad de las intervenciones sanitarias. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [8 de febrero de 2026; consultado 8 de febrero de 2026]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2026/02/aprender-olvidar-para-atender-mejor.html


La confianza del médico en el paciente, a examen: impacto de la longitudinalidad


La revista Annals of Family Medicine ha publicado los resultados de un estudio de investigación cualitativa, realizado para indagar sobre qué significa para los médicos de familia confiar en sus pacientes, qué relación guarda la confianza con la longitudinalidad, y cuáles son los factores que facilitan u obstaculizan establecer esa relación de confianza.

A partir del análisis de contenido de las entrevistas semiestructuradas realizadas a 25 médicos de familia en Australia, las autoras han identificado tres hallazgos clave:

  1. La confianza en el paciente se asume de inicio, como base de la relación y como elemento con efecto terapéutico.
  2. La confianza se construye y se fortalece con el tiempo: la participación activa del paciente en su autocuidado la refuerza y, a su vez, la confianza del médico favorece la autonomía del paciente.
  3. La confianza se resiente cuando el profesional percibe, por parte del paciente, la búsqueda de algún beneficio secundario o algún intento de manipular la relación; aun así, los médicos de familia intentan comprender el contexto del paciente y reconstruir la relación.

El estudio no propone intervenciones concretas, pero sí establece el marco relacional sobre el que descansan las decisiones clínicas seguras en el día a día de las consultas de atención primaria: la longitudinalidad o continuidad en el tiempo de la relación entre el médico de familia y sus pacientes.

El conocimiento y la confianza mutua mejoran la calidad de la anamnesis, la detección precoz de cambios y señales de alarma, la toma de decisiones compartidas, el establecimiento de acuerdos realistas de cuidado y la adecuación de pruebas y tratamientos. Esto es especialmente relevante en el caso de los pacientes con mayor carga de enfermedad y con elevadas necesidades de atención sanitaria. 

En contextos especialmente complejos, los médicos de familia necesitan apoyo organizativo y unas condiciones de trabajo que permitan construir relaciones de confianza. Cuando los pacientes confían en su médico de cabecera y el médico confía en sus pacientes, la relación terapéutica se fortalece, mejora la toma de decisiones compartidas y los resultados son más satisfactorios para ambas partes. 

La longitudinalidad contribuye a reducir los efectos negativos derivados de la incertidumbre, la fragmentación de la asistencia y el uso inadecuado de otros recursos. Como hemos señalado anteriormente en este blog, la longitudinalidad reduce las intervenciones innecesarias y el daño evitable.

La longitudinalidad, como la confianza, ha de ser bidireccional: el paciente identifica a su médico de cabecera como fuente principal y prioritaria de cuidados, y el médico se compromete y se implica como profesional de referencia para atender la mayoría de los problemas de salud de los pacientes de su cupo. 

Las decisiones de gestión han de potenciar la longitudinalidad, no dificultarla. Medidas como priorizar la atención por el profesional o equipo de referencia, favorecer las consultas programadas, proteger la accesibilidad para reconsultar cuando sea necesario (p. ej., franjas de agenda reservadas para seguimiento con el profesional de referencia y adaptación de los canales de solicitud de citas, con menos burocracia), estabilizar cupos y equipos, y limitar rotaciones y cambios innecesarios, entre otras, refuerzan la confianza y el vínculo terapéutico. 

Los resultados de este nuevo estudio no hacen más que corroborar la evidencia preexistente: que la longitudinalidad impacta en la seguridad clínica y que, en la relación médico-paciente, la confianza se protege protegiendo la longitudinalidad.

+ info: 
Uebel K. et al. General Practitioners’ Trust in Their Patients: A Qualitative Study. The Annals of Family Medicine. 2025, 23(6): 500-506.
Publicado por Rosa Añel

Cómo citar esta entrada: 
Añel Rodríguez RM. La confianza del médico en el paciente, a examen: impacto de la longitudinalidad. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [27 de enero de 2026; consultado 27 de enero de 2026]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2026/01/la-confianza-del-medico-en-el-paciente.html


Medicamentos a evitar para una atención más segura: la lista negra de Prescrire 2026


Desde el año 2013, la revista francesa Prescrire publica anualmente su lista de medicamentos a evitar para mejorar la calidad y la seguridad de la asistencia sanitaria. Esta revisión, resultado de una metodología fiable, rigurosa e independiente, proporciona una lista documentada de medicamentos que son más peligrosos que beneficiosos, para no exponer a los pacientes a riesgos desproporcionados. 

La “lista negra” de medicamentos a evitar en 2026 está compuesta por 108 medicamentos en los que se ha identificado un balance beneficio-riesgo negativo para todas las indicaciones enumeradas en su autorización de comercialización, en Francia o en la Unión Europea. Sobre ellos, Prescrire ofrece información detallada del motivo por el cual suponen un riesgo para los pacientes y, cuando es posible, de las alternativas terapéuticas más adecuadas.

En la lista de 2026 se añaden cuatro nuevos fármacos y salen dos de los que estaban incluidos en años anteriores, todos ellos autorizados en España. 

Los cuatro nuevos fármacos a evitar, porque exponen a los pacientes a efectos adversos desproporcionados a su falta de eficacia clínica, eficacia incierta o eficacia demasiado modesta en comparación con un placebo, son los siguientes:

  1. Andexanet alfa (▼Ondexxya®, uso exlcusivamente hospitalario en España), un antídoto para los anticoagulantes de acción directa que actúan inhibiendo el factor Xa (apixaban, rivaroxaban, edoxaban) autorizado para hemorragias graves en pacientes tratados con estos anticoagulantes, expone a eventos tromboembólicos graves en comparación con la atención habitual.
  2. Condroitina (Condrosulf® u otros), un ácido mucopolisacárido propuesto para la osteoartritis sin evidencia de eficacia clínica, expone a los pacientes a efectos adversos a veces graves, incluidas reacciones de hipersensibilidad (eritema, urticaria, edema de Quincke).
  3. Fezolinetan (▼Veoza®), un medicamento autorizado para los sofocos relacionados con la menopausia, expone a las pacientes a efectos adversos desproporcionados que incluyen hepatotoxicidad, trastornos digestivos y neuropsiquiátricos, así como dolor en diversas localizaciones.
  4. Gefapixant (▼Lyfnua®), primer medicamento autorizado en la Unión Europea para pacientes afectados por tos crónica (tos que dura más de 8 semanas y no desaparece incluso después de utilizar otros medicamentos o se desconoce su origen), expone muy frecuentemente a trastornos del gusto, neumonía y litiasis urinaria.

Los dos fármacos que desaparecen de la lista negra son los siguientes: 

  1. Ácido obeticólico (anteriormente comercializado como ▼Ocaliva®), cuya autorización de comercialización fue revocada por la Unión Europea. Este derivado de los ácidos biliares estuvo autorizado para la colangitis biliar primaria. En este contexto, no mejora la condición de los pacientes, ni en monoterapia ni en combinación con ácido ursodesoxicólico. Con frecuencia empeora los síntomas principales de la enfermedad (prurito y fatiga) y parece presentar riesgo de efectos adversos hepáticos graves, a veces mortales.
  2. Piracetam (Nootropil® u otro), un psicoestimulante que está autorizado para diversas situaciones clínicas como el vértigo, los déficits cognitivos y neurosensoriales en ancianos, la dislexia en niños y las mioclonías de origen cortical. Tras un reanálisis en 2025 de su relación beneficio-riesgo en las mioclonías corticales, los datos muestran un posible, aunque incierto, beneficio clínico en esta rara afección. Esta evaluación solo incluye medicamentos que son más peligrosos que beneficiosos en todas las indicaciones incluidas en su autorización de comercialización; por lo tanto, el piracetam se elimina de la lista. Sin embargo, su balance beneficio-riesgo sigue siendo desfavorable en las demás situaciones contempladas en su autorización: carece de eficacia clínica demostrada, a la vez que expone a los pacientes a hemorragias, nerviosismo, agitación y aumento de peso.


Como hemos destacado en años previos en este blog, la “lista negra” es una gran ayuda para seleccionar con sentido crítico qué medicamentos iniciamos y cuáles mantenemos o no en función de su balance beneficio-riesgo. 

Hace dos años publicamos la relación completa, adaptada y traducida al español, de los 105 medicamentos a evitar en 2024, explicando caso a caso por qué son más peligrosos que útiles, e indicando las alternativas a utilizar. En 2025 se añadió la reboxetina (Norebox®, Irenor®), no autorizada en Francia pero sí en España; se volvió a incluir la fenfluramina (▼Fintepla®) y se retiró ulipristal 5 mg (Esmya®).

Integrar estas recomendaciones en los acuerdos de gestión y en las herramientas de apoyo a la prescripción ayudaría al uso seguro de la medicación. Además, los profesionales de atención primaria podemos divulgar este conocimiento en nuestros centros de salud y unidades docentes. Así lo hicieron en esta sesión del año pasado de Docencia Rafalafena (Castellón), centrada en los medicamentos de mayor interés de uso habitual en atención primaria. También en el Centro de Salud Calaceite (Teruel), en una sesión sobre la edición más reciente de la lista de Prescrire, cuya presentación se ofrece a continuación con permiso de la autora para su uso en otros centros.

Contenidos de la sesión clínica "La lista negra de Prescrire 2026" elaborada por Maria Escorihuela


En atención primaria podemos traducir la "lista negra" de Prescrire en acciones concretas: evitar iniciar tratamientos con estos fármacos salvo indicación excepcional y justificada; buscar alternativas más seguras y efectivas cuando existan; planificar su deprescripción consensuando con el paciente un plan de retirada; realizar un seguimiento más estrecho, estar atentos a las señales de alarma y notificar cualquier sospecha de reacción adversa al Sistema Español de Farmacovigilancia

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Para mejorar la atención médica, algunos medicamentos que conviene evitar: una revisión de 2026
Medicamentos a evitar para una atención más segura: la lista negra de Prescrire 2024

Cómo citar esta entrada: 
Escorihuela Gimeno M., Añel Rodriguez RM, Palacio Lapuente J. Medicamentos a evitar para una atención más segura: la lista negra de Prescrire 2026. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [7 de enero de 2026; consultado 7 de enero de 2026]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2026/01/medicamentos-evitar-para-una-atencion.html


Prescripción pragmática, adaptada al nivel de fragilidad de las personas mayores: nueva guía británica

La Sociedad Británica de Geriatría, el Real Colegio de Médicos Generalistas del Reino Unido y la Real Sociedad Farmacéutica del Reino Unido han publicado una guía de ayuda a la toma de decisiones para reducir los problemas relacionados con la medicación en pacientes frágiles de edad avanzada.

La Nueva guía de prescripción pragmática para personas mayores con fragilidad moderada o grave se apoya en dos pilares clave para la seguridad del paciente:

  1. Estratificar el enfoque terapéutico por grado de fragilidad. Los pacientes con fragilidad leve pueden beneficiarse de los mismos objetivos terapéuticos que las personas sin fragilidad. Sin embargo, en los pacientes con fragilidad moderada o grave la prioridad es evitar el deterioro funcional, las caídas, los ingresos y otros eventos adversos, más que perseguir los objetivos de control que indican las guías clínicas "clásicas".
  2. Tomar decisiones compartidas con cada paciente y sus familiares y personas cuidadoras. Las recomendaciones de esta guía están pensadas para facilitar el intercambio de información respecto a qué se espera conseguir con cada medicamento, en cuánto tiempo, qué probabilidades de beneficio y posibles daños existen, y cómo se alinean estas expectativas con las preferencias y objetivos vitales de la persona mayor.

El término "prescripción pragmática" se refiere a la prescripción razonada y adaptada al nivel de fragilidad de cada paciente, priorizando reducir la carga superflua de medicamentos y, en consecuencia, los daños derivados de esos tratamientos farmacológicos.

La evidencia disponible sobre la utilidad de muchos medicamentos es débil cuando se trata de personas mayores con fragilidad moderada o grave. Estas personas están infrarrepresentadas en los ensayos clínicos. Sin embargo, los resultados de los estudios se extrapolan, obviando que las personas con fragilidad, sobre todo las de avanzada edad, son más vulnerables a los efectos adversos de la medicación. 

Las guías de práctica clínica estándar, centradas en una sola enfermedad, tienden a recomendar una mayor prescripción, mientras que la experiencia clínica con personas frágiles y polimedicadas indica que es mejor simplificar los tratamientos. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que ninguno de estos dos enfoques es universalmente válido. La mejor solución pasa por individualizar la atención a través de la toma de decisiones compartida, así como ajustar la intensidad de los objetivos terapéuticos al pronóstico y la situación funcional de cada paciente. Estos dos elementos son la base para aplicar esta nueva herramienta. 

La guía ofrece información y recomendaciones para ayudar a todos los prescriptores, tanto de atención primaria como hospitalaria, a establecer objetivos terapéuticos más flexibles que los indicados en las guías habituales. Se trata de ajustar los objetivos a alcanzar en cada paciente, adecuándolos a su situación actual y teniendo en cuenta también cuál es su esperanza de vida.

Un ejemplo claro es el tratamiento farmacológico de la hipertensión arterial. Estudios observacionales recientes han mostrado que en personas con demencia los efectos adversos asociados a antihipertensivos pueden duplicarse y que, en mayores de 75 años con fragilidad moderada o grave, tener una presión arterial sistólica muy baja (<130 mmHg) se asocia con mayor mortalidad que tener cifras más altas (140–180 mmHg). Estos datos obligan a replantearse objetivos de control tensional demasiado estrictos en pacientes frágiles, especialmente cuando ya presentan deterioro funcional o cognitivo.

A continuación, presentamos la guía, traducida al español, en la que se detallan seis situaciones que plantean la necesidad de adecuar las intervenciones a la situación de los pacientes, sopesando los posibles beneficios y perjuicios. Son situaciones frecuentes en personas de edad avanzada y fragilidad moderada-severa. 

Guia de prescripción pragmática para reducir el daño en personas mayores con fragilidad moderada o grave  traducida al español del original “Pragmatic prescribing to reduce harm for older people with moderate to severe frailty” por Rosa Añel para Sano y salvo


Las personas mayores con fragilidad moderada o grave consultan con frecuencia en atención primaria y son pacientes de difícil manejo porque acumulan diagnósticos, tratamientos y visitas a distintos niveles asistenciales. Que su atención esté bien orientada y sea lo más segura posible supone un reto actual y futuro, debido a los cambios demográficos esperables para los próximos años. 

En este contexto, la nueva guía de prescripción pragmática es una ayuda concreta y manejable, que puede y debe incorporarse a la práctica clínica diaria de los prescriptores para lograr una medicación más segura y proporcionada. Es una invitación a revisar cómo prescribimos, a simplificar los regímenes terapéuticos en lo posible y a alinear mejor los tratamientos con los objetivos de las personas mayores frágiles. Son pacientes que precisan una prescripción basada en la evidencia y la prudencia, que tenga en cuenta su especial vulnerabilidad para no acabar causándoles más daño que beneficio.


+ info:
Woodford H. New guidance to enable pragmatic prescribing for older people with moderate to severe frailty [Internet]. London: British Geriatrics Society. [24 de noviembre de 2025; consultado 6 de diciembre de 2025]. Disponible en: https://www.bgs.org.uk/new-guidance-to-enable-pragmatic-prescribing-for-older-people-with-moderate-to-severe-frailty 
Petchey L, Gentry T. More harm than good: why more isn’t always better with older people’s medicines [Internet]. London: Age UK; 2019 [consultado 11 de diciembre de 2025]. Disponible en: https://www.ageuk.org.uk/siteassets/documents/reports-and-publications/reports-and-briefings/health--wellbeing/medication/190819_more_harm_than_good.pdf

Publicado por Rosa Añel y Jesús Palacio

Cómo citar este artículo:
Añel Rodríguez RM, Palacio Lapuente J. Prescripción pragmática, adaptada al nivel de fragilidad de las personas mayores: nueva guía británica. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [12 de diciembre de 2025; consultado 12 de diciembre de 2025]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2025/12/prescripcion-pragmatica-adaptada-al.html


Luces y sombras de la nueva Estrategia de Seguridad del Paciente del SNS 2025-2035. Ponencia de Lourdes Luzón y Rubén Blanco en el XLV Congreso semFYC, 14 de noviembre de 2025

Con motivo del XLV Congreso de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC), que se ha celebrado recientemente en Madrid, hemos hablado con Lourdes Luzón Oliver, médica de familia en el Centro de Salud Totana Sur (Murcia), y Rubén Blanco Herrera, médico de familia en el Centro de Salud Béjar (Salamanca), ambos miembros del Grupo de Trabajo de Seguridad del Paciente de la semFYC.

Lourdes y Rubén han participado en una de las sesiones de actualización que presentan los grupos de trabajo de semFYC, llamadas “micropíldoras”, analizando las novedades, fortalezas y debilidades de la nueva Estrategia de Seguridad del Paciente del Sistema Nacional de Salud (SNS) 2025-2035, con especial atención a la atención primaria. Les hemos pedido que nos expliquen los principales resultados y conclusiones del análisis que han realizado. 

Sano y salvo: ¿Qué es y qué se espera de la nueva Estrategia de Seguridad del Paciente del SNS 2025-2035?

Lourdes Luzón: La nueva estrategia supone una apuesta por seguir trabajando de manera transversal la seguridad del paciente, con el objetivo de minimizar y reducir los daños asociados a la asistencia sanitaria. Lo más relevante es que consolida todo el camino recorrido desde 2005, incorpora lo aprendido en la evaluación de la Estrategia 2015-2020 y plantea un horizonte de una década, para dar continuidad a las acciones que ya están en marcha y orientar las políticas de seguridad del paciente en todo el SNS durante los próximos diez años. 

S. y s.: En vuestra ponencia partís, precisamente, del análisis de los resultados de la anterior estrategia 2015-2020. ¿Qué resultados destacaríais y en qué aspectos diríais que queda más por mejorar? 

Rubén Blanco: Creemos que se han desarrollado avances en la cultura de la seguridad del paciente a nivel nacional, sobre todo en cultura de seguridad. El hecho de que alrededor del 79 % de los centros de atención primaria y el 74 % de los hospitales dispongan de un Plan de Seguridad del Paciente es un cambio notable respecto a hace unos años, aunque los avances son desiguales entre Comunidades Autónomas (CC. AA.) y entre unos centros sanitarios y otros. Si hablamos de prácticas clínicas seguras, encontramos muchos claroscuros como, por ejemplo, los siguientes: 
  • En el uso seguro de medicamentos, menos del 45 % de los centros de salud y el 40 % de los hospitales aplican protocolos para medicación de alto riesgo.
  • La prescripción de benzodiacepinas sigue siendo muy elevada: más de la mitad de las personas mayores de 65 años tienen pautada alguna, pese a las recomendaciones de "No Hacer" que insisten en no usarlas. 
  • En cirugía segura, solo un 20 % de los hospitales tienen implantada de forma sistemática la lista de verificación quirúrgica.
  • La adherencia de los profesionales a la higiene de manos se sitúa alrededor del 60 %, y el uso de preparados de base alcohólica en torno al 52 %, unas cifras claramente mejorables.
Todo esto muestra que la brecha entre lo que sabemos que hay que hacer y lo que realmente hacemos sigue siendo grande.

S. y s.: Entrando ya en la Estrategia de Seguridad del Paciente del SNS 2025-2035, ¿qué cambios destacaríais respecto a la anterior?

Lourdes Luzón: Se ha ampliado el enfoque a todos los niveles. Hablamos de un horizonte temporal más prolongado, de una participación en su elaboración más multidisciplinar, incluyendo a las asociaciones de pacientes, y de una visión que va más allá del propio sistema sanitario, al considerar los cuidados en el domicilio, en centros sociosanitarios, residencias de personas mayores e instituciones que prestan cuidados a personas con problemas de salud mental. En este sentido, la nueva estrategia añade una séptima línea estratégica.

Creemos que esta ampliación es verdaderamente ambiciosa, pero su éxito dependerá de cómo se implemente en cada servicio de salud. Además, el Ministerio tendrá que realizar un trabajo importante de difusión y coordinación con todos los agentes implicados.

 

Contenidos de la sesión "Estrategia de Seguridad del Paciente del SNS 2025-2035", presentada por Lourdes Luzón y Rubén Blanco, 14 de noviembre de 2025, Madrid


S. y s.: ¿Qué destacaríais en relación con la gestión del riesgo y los sistemas de notificación?

Rubén Blanco: El análisis de la Línea estratégica 3, que se centra en la gestión de riesgos y en el uso del Sistema de Notificación y Aprendizaje para la Seguridad del Paciente (SiNASP), muestra los siguientes resultados: 
  • Las 17 CC. AA. tienen unidades de gestión de riesgos (UGR) en más de la mitad de sus hospitales, pero solo 8 CC. AA. cuentan con UGR implantadas en atención primaria.
  • El SiNASP está disponible en prácticamente todo el territorio, pero la participación de los centros de salud es baja: se notifica menos de lo que se podría y, muchas veces, lo notificado no se traduce en cambios.
  • Los incidentes más notificados son los errores de medicación, los problemas de identificación de pacientes y los fallos de comunicación. 

S. y s.: En vuestra presentación también habláis de los puntos débiles de la nueva estrategia. ¿Cuáles os preocupan más?

Lourdes Luzón: Además de su extensión —se trata de un documento de 104 páginas, lo que dificulta que el profesional de a pie lo conozca y lo incorpore a su trabajo cotidiano— hay tres aspectos que nos parecen especialmente preocupantes:
  1. Los indicadores de evaluación están por definir. La estrategia insiste en que hay que medir, pero todavía no concreta qué indicadores se van a utilizar, cómo se van a recoger y quién va a rendir cuentas. Sin indicadores claros no podremos saber si realmente estamos mejorando. Eso sí, en el documento se señala que esos indicadores se van a definir y estarán consensuados entre el Ministerio y las Consejerías. 
  2. No hay un apartado específico para atención primaria. La estrategia se plantea para todos los niveles, pero la atención primaria queda diluida en un documento muy extenso. Teniendo en cuenta las particularidades de su práctica, hubiera sido deseable un capítulo o subapartado propio, con objetivos y acciones claramente adaptados a nuestro ámbito.
  3. Muchos objetivos, pocas medidas concretas. El documento recoge un número muy elevado de objetivos, pero a menudo sin aterrizar en acciones operativas, responsables, plazos y recursos. Se trata de una lista muy extensa de lo que hay que hacer, pero con pocas directrices claras y prácticas sobre cómo hay que hacerlo. 

S. y s.: ¿Qué papel atribuís a los profesionales de atención primaria en que la estrategia no se quede en papel?

Rubén Blanco: La estrategia es solo un marco. Quien la hace real son los equipos de profesionales. Ya que la responsabilidad de desplegar e implementar la estrategia depende de las CC. AA., creemos que desde estas deben definirse planes concretos y alcanzables que permitan avanzar en la cultura de seguridad. Hay que evaluar y conocer cada territorio para poder adaptar la estrategia a las características de cada área de salud. Es fundamental trabajar con los servicios hospitalarios para reducir incidentes en las transiciones. Hay que "formar, formar y formar" a los profesionales de las diferentes categorías para que todos seamos conscientes de los riesgos que asumimos en cada acto médico, enfermero y administrativo, y trabajar conjuntamente para incorporar las barreras que nos ayuden a evitarlos.

Lourdes Luzón: Y también ser realistas y firmes al mismo tiempo: la seguridad del paciente no puede construirse a costa de más sobrecarga para los profesionales, sin recursos adicionales. La estrategia habla de cultura, pero la cultura se sostiene con condiciones de trabajo razonables y con estructuras estables de apoyo. Es importante que, como profesionales, lo digamos alto y claro.

S. y s.: Muchas gracias a los dos por vuestra labor de divulgación en el XLV Congreso semFYC y por ayudarnos a entender mejor las fortalezas y limitaciones de esta nueva estrategia para la mejora de la seguridad del paciente a nivel del SNS.



Cómo citar esta entrada:
Luzón Oliver L, Blanco Herrera R. Luces y sombras de la nueva Estrategia de Seguridad del Paciente del SNS 2025-2035. Ponencia de Lourdes Luzón y Rubén Blanco en el XLV Congreso semFYC, 14 de noviembre de 2025. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [4 de diciembre de 2025; consultado 4 de diciembre de 2025]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2025/12/luces-y-sombras-de-la-nueva-estrategia.html