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La seguridad del paciente comienza con el acceso a la atención sanitaria

Tradicionalmente, los programas de seguridad del paciente se han centrado en el análisis y prevención de los eventos adversos que se producen durante la atención clínica. Pero la seguridad del paciente comienza mucho antes: comienza en el acceso a la asistencia sanitaria. 
Este es el argumento central del artículo sobre los incidentes de seguridad que se producen antes de atender al paciente, recientemente publicado en JAMA.

Los autores señalan que las demoras y dificultades en el acceso a la asistencia son más que meros problemas de gestión o de eficiencia administrativa, y deben considerarse incidentes de seguridad del paciente. Por ello, proponen abordar los problemas de accesibilidad aplicando algunos principios propios de las organizaciones de alta fiabilidad.

Estudios previos han demostrado que los riesgos de seguridad del paciente comienzan antes de la valoración clínica, desde la llegada del paciente al centro sanitario. Se han descrito, sobre todo en los servicios de urgencias, eventos adversos por retrasos diagnósticos y deterioros clínicos no detectados, asociados a la sobrecarga asistencial y a los tiempos de espera.

Hassid y Kaafarani amplían el espacio temporal en el que puede verse comprometida la seguridad del paciente, situándolo antes del contacto físico con el sistema sanitario. Su aportación más relevante consiste en considerar que las barreras para conseguir cita y las dificultades para recibir la atención precisa, a tiempo y por el profesional más adecuado en cada caso, impactan directamente en la seguridad del paciente con consecuencias clínicas que pueden ser graves.

El editorial llega en un momento oportuno. Su publicación en marzo de 2026 coincide con la del informe sobre los 10 problemas más preocupantes para la seguridad del paciente en 2026, que sitúa los problemas de acceso a la asistencia en el segundo puesto entre los principales riesgos. Aunque el informe alude específicamente al deterioro de la accesibilidad en las zonas rurales, la realidad en nuestro país es que las dificultades para acceder a la atención sanitaria constituyen un problema en aumento, que afecta también al ámbito urbano y que incrementa las desigualdades sociales en salud.

Las dificultades para conseguir cita, las demoras para la realización de pruebas diagnósticas y el incremento de las listas de espera empujan a la población a buscar vías alternativas de acceso a la atención sanitaria. La evidencia disponible en nuestro país muestra la asociación entre las demoras en atención primaria y la contratación de seguros privados. También en este aspecto se cumple la ley de los cuidados inversos: las personas con mayores ingresos son las que pueden recurrir con más facilidad a seguros médicos privados, lo que introduce un importante factor de inequidad en el acceso a la asistencia.

Las listas de espera constituyen una de las expresiones más visibles de los problemas de accesibilidad. Detrás de ellas confluyen factores organizativos complejos, como los recursos insuficientes, las dificultades de planificación, la sobrecarga asistencial o la fragmentación de los circuitos de atención. Su impacto va mucho más allá de la demora en la atención: retrasos diagnósticos, deterioro clínico, pérdida de oportunidades terapéuticas y peor pronóstico. Son, exactamente, los riesgos que Hassid y Kaafarani reclaman que el sistema aprenda a identificar.

Aunque las barreras para el acceso a la asistencia han estado fuera del radar de la seguridad clínica, sus consecuencias pueden ser igual de graves que las de los eventos adversos derivados de la asistencia sanitaria. 

Cuando un paciente no puede acceder a tiempo a la atención que necesita, algo está fallando en el sistema. Independientemente de que los problemas de acceso se deban a dificultades administrativas, a obstáculos organizativos o a decisiones de gestión inadecuadas, se trata de fallos que merecen ser analizados, registrados y corregidos con el mismo rigor que los que se producen durante la atención clínica. Reconocer su importancia es el primer paso para hacerles frente.


+ info:
Hassid VJ, Kaafarani HM. Patient Safety Begins With Access: Safety Events That Occur Before Meeting the Patient. JAMA. Publicado en línea el 11 de marzo de 2026. 
ECRI & Institute for Safe Medication Practices (ISMP). Top 10 Patient Safety Concerns 2026. Plymouth Meeting, PA: ECRI. Publicado en línea el 9 de marzo de 2026.
Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP). Demoras en la Atención Primaria y aseguramiento privado. Publicado en línea el 5 de julio de 2023. 

Publicado por Rosa Añel

Cómo citar esta entrada: 
Añel Rodríguez RM. La seguridad del paciente comienza con el acceso a la atención sanitaria. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria [20 de mayo de 2026; consultado 20 de mayo de 2026]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2026/05/la-seguridad-del-paciente-comienza-con.html 


La Regla de Jess: tres pasos para evitar los retrasos diagnósticos en Atención Primaria

El Servicio Nacional de Salud de Reino Unido (NHS) ha elaborado, junto con el Departamento de Salud y Asistencia Social y el Real Colegio de Médicos de Familia, una guía para promover que se reconsidere el diagnóstico cuando el paciente consulta por el mismo motivo en tres o más ocasiones. 

La Regla de Jess nace a raíz de la historia real de Jessica Brady, una joven de 27 años que falleció en diciembre de 2020 por un cáncer diagnosticado de forma tardía. Según las noticias que recogen este suceso, durante cinco meses Jessica consultó en unas 20 ocasiones, recibió atención por al menos seis médicos diferentes, y solo en tres ocasiones fue valorada de forma presencial. Tras el fallecimiento de Jessica, su familia reclama una mejor atención a los pacientes que acuden varias veces por los mismos síntomas y una mayor concienciación y detección del cáncer en adultos jóvenes, con el fin de que lo ocurrido pueda ayudar a otras personas. 

La Regla de Jess contiene tres recomendaciones enfocadas a que los médicos de familia adopten una estrategia de parar y reenfocar la evaluación diagnóstica cuando el paciente consulta tres veces por los mismos síntomas, especialmente si estos persisten de forma inesperada, se agravan, o continúan sin tener explicación. Cualquiera de estas situaciones debe ser considerada como una bandera roja —una alerta de que algo no va bien— que requiere reevaluar el caso de forma estructurada siguiendo estos tres pasos:

  1. Reflexionar. Volver sobre lo que dijo el paciente y valorar qué ha cambiado o que se ha podido pasar por alto. Ofrecer un seguimiento clínico más estrecho y una continuidad de la atención para futuras consultas por el mismo motivo. Si las consultas previas han sido no presenciales, visitar al paciente presencialmente y realizar una exploración física. 
  2. Revisar. Pedir una segunda mirada (peer review) y revisar el caso con otros profesionales. Evaluar cualquier señal de alarma o bandera roja que pueda sugerir otras posibilidades diagnósticas. No excluir ningún diagnóstico por la edad o las características sociodemográficas del paciente.
  3. Reconsiderar. Plantear si se debe ampliar el estudio con pruebas complementarias o valoración por otros especialistas.
Los tres pasos de la Regla de Jess. Infografía elaborada por @roanelSP para @sanoysalvoblog

Atención primaria es un ámbito asistencial con un alto grado de incertidumbre, en el que se atiende un amplio espectro de enfermedades, a menudo en fases iniciales de su evolución y con síntomas muy inespecíficos. A las características propias del desempeño de la atención primaria se añaden las condiciones de trabajo, que pueden ser mas o menos favorables según las decisiones de gestión que se adopten. 

Entre las condiciones de trabajo que limitan la capacidad diagnóstica de los médicos de familia se encuentran las siguientes: 

  • Elevada carga asistencial y tiempo limitado de atención por paciente.
  • Dificultades para la realización y recepción ágil de los resultados de determinadas pruebas diagnósticas.
  • Incremento de las diversas modalidades de atención no presencial.
  • Problemas de coordinación con los especialistas hospitalarios, agravados también por la emergencia de las interconsultas no presenciales. 

A los elementos estructurales y organizativos se suman otros factores, como los sesgos cognitivos o heurísticos. Se trata de atajos mentales que se emplean habitualmente durante el proceso diagnóstico en atención primaria. Aunque resultan muy útiles para decidir con rapidez en la práctica cotidiana, aumentan el riesgo de errores diagnósticos por un enfoque inicial inadecuado, sobre todo cuando los profesionales están sometidos a una alta presión asistencial.

En este escenario se entiende que la atención primaria sea mucho más vulnerable a los errores diagnósticos que la atención hospitalaria. Los especialistas hospitalarios (también llamados especialistas focales) prestan una atención focalizada en un órgano, aparato o sistema (cardiología, neumología, neurología, endocrinología, etc.). Su objetivo es estudiar a fondo las enfermedades relacionadas con un área clínica, lo que tiende a generar errores por exceso (sobrediagnóstico y sobretratamiento) más que por defecto (infradiagnóstico y retrasos diagnósticos).

El ejercicio de una medicina prudente y proporcionada se ha convertido en una labor de funambulista. En nuestro día a día, en la consulta de atención primaria, hemos de sortear el difícil equilibrio entre adecuación e inercia. Saber “esperar y ver” cuando el proceso no impresiona de gravedad, adoptando y acordando con el paciente y la familia una serie de medidas de seguridad, pero también ser capaces de identificar las situaciones que requieren avanzar en el proceso diagnóstico de forma inmediata. Como se señalaba en una entrada previa de este blog, "cuando un médico de primaria observa síntomas comunes de enfermedades normalmente benignas, no puede ni debe inicialmente ensañarse con pruebas complementarias para descartar enfermedades poco comunes y malignas. Pruebas que, prescritas sin prudencia, pueden causar más iatrogenia que beneficio a la mayoría de los pacientes, además de disparar hasta niveles inadmisibles el gasto de recursos escasos y susceptibles de usos más eficientes".

La aplicación adecuada de la Regla de Jess nos vuelve a plantear dos cuestiones que son esenciales para la seguridad del proceso diagnóstico en atención primaria:

  1. Establecer una red de seguridad explicando al paciente cuáles son, en cada caso, los síntomas y signos de alarma, en qué circunstancias es necesario volver a consultar y cómo hacerlo, priorizando la atención presencial y aportando un canal efectivo de contacto. 
  2. Potenciar la organización del trabajo en equipo que prime la longitudinalidad y la accesibilidad de los pacientes a sus profesionales de referencia.

Reconocemos el valor de la iniciativa del NHS que trasciende de la singularidad de un caso real, con un desenlace fatal, a una propuesta para una mejor asistencia futura a muchos otros pacientes. No se trata de intervencionismo, sino de detectar situaciones de riesgo de retraso diagnóstico, de reevaluar con método y de proteger al paciente con una red de seguridad efectiva.

+ info: 
Jess’s Rule: Three strikes and we rethink. NHS England. 23 September, 2025.
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Ver en este blog
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Publicado por: Elena Serrano y Rosa Añel
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Cómo citar este artículo: 
Serrano Ferrández E., Añel Rodríguez RM. La Regla de Jess: tres pasos para evitar los retrasos diagnósticos en Atención Primaria. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [28 de octubre de 2025; consultado 28 de octubre de 2025]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2025/10/la-regla-de-jess-tres-pasos-para-evitar.html


“No hacer en perspectiva de género”, una guía imprescindible para una Atención Primaria más segura y equitativa

La Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC) ha publicado recientemente un documento que señala con claridad cómo el sesgo de género sigue presente en las decisiones clínicas cotidianas.

El documento “No hacer en perspectiva de género”, en el que han participado profesionales de los diferentes grupos de trabajo de semFYC, supone una valiosa aportación a la calidad y la equidad de la asistencia en Atención Primaria, al poner el foco en las prácticas clínicas de bajo valor que perpetúan desigualdades de género y que pueden comprometer la seguridad del paciente. 

No estamos ante simples errores técnicos: se trata de prácticas asistenciales que, al ignorar las diferencias de género, reproducen desigualdades, refuerzan estigmas y, en muchas ocasiones, aumentan los riesgos clínicos.

Cada recomendación “No hacer” va acompañada de una explicación sobre el sesgo de género al que se refiere y los posibles daños clínicos o éticos asociados. Se ofrece, en cada caso, una alternativa de buena práctica, y se concluye indicando las referencias bibliográficas de la mejor evidencia científica disponible.

Buena parte de las 12 recomendaciones incluidas en esta publicación abordan los problemas derivados de la falta de atención a las características propias de las pacientes mujeres. Unas peculiaridades o diferencias que, hasta hace poco, no se han contemplado ni en la asistencia clínica ni en la investigación. 

No se ha tenido en cuenta, por ejemplo, que los trastornos del embarazo como la preeclampsia, la diabetes gestacional o los partos prematuros no son eventos clínicos aislados, sino auténticos marcadores de riesgo vascular a largo plazo. Ignorar estos antecedentes supone un sesgo de género en la valoración integral del riesgo cardiovascular en las mujeres. Si las guías de prevención primaria y secundaria no incluyen estos eventos obstétricos como factores de riesgo, se produce una infravaloración del riesgo vascular en las mujeres.

En relación con la menopausia, no se recomienda instaurar un tratamiento hormonal sustitutivo con el objetivo de prevenir la osteoporosis, las enfermedades cardiovasculares o la demencia, ya que los beneficios no superan a los riesgos.

Otro caso especialmente sensible en términos de seguridad clínica es el infradiagnóstico de la cardiopatía isquémica en mujeres, una de las formas más documentadas de inequidad diagnóstica en medicina. El documento apunta cómo los síntomas que presentan las mujeres con angina de pecho o con infarto —denominados “atípicos”, por ser diferentes a los que presentan los hombres— son frecuentemente ignorados, lo que se traduce en retrasos diagnósticos y peores resultados clínicos. No se trata solo de desigualdad: hablamos de diagnósticos omitidos y tratamientos no iniciados.

También se advierte sobre la medicalización de cuidadoras con síntomas de sobrecarga física y emocional, a las que se prescriben psicofármacos en lugar de ofrecer apoyo emocional y medidas no farmacológicas: un claro ejemplo de iatrogenia por sesgo de género. Esta práctica, además de no resolver el problema de fondo, expone a las pacientes a riesgos evitables debidos a los efectos adversos y a la dependencia de la medicación.

Se señala también la sobreutilización de pruebas de cribado de cáncer de cuello uterino, endometrio, ovario y mama en población de bajo riesgo. La práctica rutinaria de recomendar revisiones ginecológicas anuales sin una indicación clara ni estratificación del riesgo no solo es innecesaria, sino que puede generar daños. Se recomienda realizar un cribado oportunista adecuado al perfil de riesgo de cada mujer.

Pero no solo las mujeres resultan perjudicadas por los sesgos de género durante la asistencia sanitaria. En el caso de la depresión, por ejemplo, se produce una infravaloración del riesgo de suicidio en hombres, por no aplicar un enfoque de género en la valoración y abordaje de dicho riesgo.

Además de todo lo anterior, se incluyen recomendaciones sobre la comunicación con las personas trans, la exploración de los problemas de índole sexual, y la influencia de los roles de género en los procesos de participación y desarrollo comunitario.

En definitiva, este documento es más que un listado de prácticas a evitar: es una llamada a reflexionar sobre el valor añadido de introducir la perspectiva de género tanto en la práctica clínica como en la investigación y en la formación. Y no solo por una cuestión de equidad y de calidad asistencial, sino también como un elemento fundamental de la seguridad del paciente. 

Como profesionales tenemos la responsabilidad de revisar y adecuar nuestras prácticas, identificar los sesgos que perpetúan las desigualdades y actuar en consecuencia. Para todo ello puede ser de utilidad el documento "No hacer en perspectiva de género".

+  info:
Recomendaciones "NO HACER". 2014. Grupo de Trabajo de la semFYC para el proyecto Recomendaciones «No hacer»
Recomendaciones "NO HACER" (2ª parte). 2015. Grupo de Trabajo de la semFYC para el proyecto Recomendaciones «No hacer»

Ver en este blog otras entradas sobre recomendaciones no hacer


Publicado por Lourdes Luzón y Rosa Añel
Cómo citar esta entrada:
Luzón Oliver L, Añel Rodríguez RM. “No hacer en perspectiva de género”, una guía imprescindible para una Atención Primaria más segura y equitativa. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [20 de julio de 2025; consultado 20 de julio de 2025]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2025/07/no-hacer-en-perspectiva-de-genero-una.html


Prevenciones, las justas: prevención prudente, infra/sobreprevención y deprevención


En una reciente entrada en este blog apuntábamos que, como en la prescripción prudente, en la prevención prudente podemos decir que "actividades preventivas, las justas". Ni más, ni menos.

En esta entrada proponemos nuevos conceptos como prevención prudente, sobreprevención y deprevención, así como unas primeras recomendaciones para su aplicación en la práctica, en el contexto actual.

Necesitamos desarrollar nuevos términos, paradigmas y actividades para ajustar las medidas de prevención, a la luz de la evidencia científica, para hacerlas más efectivas, eficientes, seguras, equitativas y practicables en el mundo real.

En lo relativo a la prevención —como en cualquier otro tipo de intervención sanitaria— tanto los excesos como los defectos pueden perjudicar la salud.

Todo el mundo tiene claro que no aplicar un tratamiento preventivo o curativo, cuando está indicado, puede perjudicar al paciente. Pero hay menos conciencia del peligro de los excesos en el tratamiento farmacológico, la sobremedicación, y menos aún de los riesgos asociados a los excesos en las actividades preventivas, que proponemos llamar sobreprevención

La sobreprevención es la realización de actividades preventivas que no han demostrado mejorar la salud de las personas a las que se aplican o que tienen un balance negativo entre los daños y los beneficios que generan.

Los daños pueden deberse, en primer lugar, a los efectos adversos de las pruebas o tratamientos preventivos.

Por ejemplo, en EE.UU., tras promover el actual secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr. el uso de la vitamina D como alternativa a la vacunación para prevenir el sarampión contra toda evidencia—, se ha producido un aumento inédito tanto de las hospitalizaciones por intoxicación de vitamina D como de sarampión. Este último es el otro riesgo de una actividad preventiva ineficaz cuando se usa en vez de otra eficaz: la persona que se somete a ella pierde la oportunidad de evitar un daño prevenible. Es la antítesis de la prevención, lo que podríamos llamar disprevención: actuaciones que no evitan daños, sino que los producen. 

El uso de la hidroxicloroquina o la ivermectina para la prevención de la COVID-19 es otro ejemplo reciente con desastrosos resultados. El desabastecimiento de la hidroxicloroquina por su uso fuera de indicaciones también afectó a las personas que la tenían prescrita en afecciones en las que sí está indicada, otro efecto colateral a tener en cuenta cuando se consumen recursos valiosos y limitados en actividades prescindibles.

La llegada a la potestad reguladora de los que defienden estas medidas dispreventivas en diversos países, y notablemente en uno de la importancia de EE.UU., abre una preocupante era de riesgos nuevos o reemergentes para la salud pública. Siguiendo con el ejemplo de la ivermectina, en el estado de Arkansas acaba de ser liberalizada su venta sin receta médica, una reivindicación de los que propugnan su uso, sin base científica, con fines tan dispares como prevenir y tratar la COVID o tratar el cáncer.

Las propias pruebas de cribado —detección de enfermedades en personas sin síntomas de padecerlas— también pueden producir efectos adversos: radiaciones ionizantes acumulativas, hematomas o síncopes con caída por venopunción... Sólo son asumibles, por bajo que sea su riesgo, si la probabilidad de que el paciente salga beneficiado por su realización supera a la de que sea dañado. Toda prueba cuya realización no es de esperar que mejore los resultados de la atención, incluso si sus efectos adversos no son graves ni frecuentes, es inaceptable tanto desde el punto de vista de la seguridad del paciente como desde el de la eficiencia del sistema.

Una prueba de cribado puede así mismo producir daño por falsos resultados positivos, que tienen un impacto psicológico en el paciente, pueden causarle problemas sociales o laborales y a menudo generan nuevas pruebas y tratamientos innecesarios.

Los falsos positivos pueden deberse a la falta de validez de la prueba, que puede ser intrínseca o debida a su aplicación en poblaciones con baja prevalencia del problema a cribar. Hay pruebas como la determinación del PSA que tienen cierta utilidad en el manejo del paciente con síntomas compatibles con cáncer de próstata, pero no como método de cribado en población general asintomática. Encontrar los subgrupos de población, por edad, raza u otras variables, en los que las pruebas tienen un balance daño/beneficio favorable es objeto de continuas revisiones para el PSA y otros métodos de cribado.

No es igual el valor predictivo de una prueba en pacientes con síntomas de una enfermedad, estudiados por el médico que la ha solicitado para afinar el diagnóstico —una población en la que la prevalencia de la enfermedad es muy alta— que en personas asintomáticas en las que la prevalencia es baja. Se trata de una simple cuestión de cálculo: a menor prevalencia, menor valor predictivo positivo.

En algunos casos, los positivos son reales pero intranscendentes: no hubieran generado ningún problema al paciente, al que sí le pueden causar daños los tratamientos innecesarios inducidos, además de las preocupaciones por el hallazgo. Una variante es el caso de enfermedades que no tienen mejor pronóstico por la detección en fase asintomática respecto a la detección cuando aparecen síntomas, por su lenta progresión o porque no existe un tratamiento eficaz para ellas. Cargar a un paciente asintomático con el peso del diagnóstico de una enfermedad que no se le puede tratar es una forma de ensañamiento que atenta directamente contra el principio ético de no maleficencia.

Los anteriores son casos de sobrediagnóstico: la identificación de una enfermedad o hallazgo incidental que, de no haberse detectado, no hubiera tenido consecuencias para el paciente. El sobrediagnóstico, un efecto adverso en cascada de la sobreprevención, suele generar a su vez sobretratamiento. En la imagen contigua representamos esta cascada de la sobreprevención.


La cascada de la sobreprevención

(Hacer clic para aumentar imagen)

Por ejemplo, tanto la U.S. Preventive Services Task Force como el  Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud desaconsejan el cribado del cáncer de tiroides en personas asintomáticas, ya que es más probable que obtengan un daño (por cirugías innecesarias) que un beneficio. Algo que es lo opuesto a la finalidad de una actividad preventiva.

Los programas que producen sobrediagnóstico, si no se miden los resultados en las personas, se retroalimentan: los que los hacen exhiben los hallazgos como éxitos (suponiendo gratuitamente que se ha beneficiado a todos los participantes con hallazgos) y consiguen así más recursos para seguir produciendo más sobrediagnóstico.

La aplicación inadecuada de actividades preventivas incluye su infrautilización, lo que podríamos llamar infraprevención. Es algo que está sucediendo, por ejemplo, con vacunas eficaces y seguras, tanto por el desistimiento de personas intoxicadas por la desinformación como por las dificultades de acceso por razones de poder adquisitivo en países que no la proveen gratuitamente. En el mencionado caso del resurgimiento del sarampión en EE. UU. se combinan ambos factores, ya que el nuevo gobierno ha combinado la difusión de bulos sobre las vacunas con el recorte presupuestario, el despido de personal y el cierre de centros que vacunaban a personas de bajos ingresos.

La equidad en el acceso a las pruebas preventivas es un aspecto que no se puede negligir porque, si se hace, los programas de cribado pueden acabar aumentando las brechas en salud entre las personas más y menos favorecidas socialmente. Por ejemplo, el riesgo de morir por cáncer de cérvix es mayor en las mujeres que ejercen la prostitución, que están entre las que menos se realizan las pruebas de detección temprana. Si simplemente se ofrece la prueba, sin una actitud proactiva hacia los colectivos más vulnerables, se dedicarán los recursos en mayor medida a las personas que menos lo necesitan. Esta inequidad en la prevención hará que las diferencias en la mortalidad se mantengan e incluso aumenten.

Para evitar caer tanto en la infraprevención —para minimizar las enfermedades evitables— como en la sobreprevención —para evitar daños y gastos innecesarios—, los responsables de las campañas poblacionales y los profesionales sanitarios hemos de usar la prudencia. Para practicar la prevención prudente hay en identificar las intervenciones preventivas efectivas y las personas que puedan beneficiarse de ellas, y descartar aquellas cuyo beneficio, en general o en determinadas poblaciones, sea mínimo o incierto.

En atención primaria se hacen actividades de prevención de eficacia demostrada y relevante, como la vacunación, la detección precoz de determinadas enfermedades con cribados de alto impacto o el consejo breve para dejar de fumar. Y hay otras que no se deberían hacer, como los programas de cribado sin evidencia sólida de beneficio neto, los chequeos de salud sistemáticos aplicados a personas sin factores de riesgo o los electrocardiogramas y otros exámenes en personas asintomáticas sin una indicación clara. 

La prevención prudente necesita una gestión prudente de la prevención: una gestión racional de las actividades preventivas que garantice una atención primaria equilibrada en sus prestaciones y centrada en el paciente. En la toma de decisiones sobre las actividades preventivas que realiza un servicio o sistema sanitario deben participar tanto los directivos como los profesionales implicados en su aplicación y las personas a las que se dirigen. Además de evaluar cada una de las actividades de forma aislada, se ha de evaluar el impacto conjunto de todas ellas en la salud y la calidad de vida de las personas a las que se aplican, así como la carga de trabajo que suponen y su compatibilidad con la realización de otras actividades.

La prevención debe enmarcarse en la medicina mínimamente impertinente y, tras una cuidadosa selección de las actividades entre las opciones existentes, incluida la de no hacer nada, deben aplicarse de la manera menos disruptiva para el paciente.

La gestión prudente de la prevención también debe tener en cuenta los costes de oportunidad, es decir, los resultados que podrían obtenerse de invertir los recursos en otras actividades más efectivas y eficientes.

La prevención debe estar basada en la evidencia, la experiencia, el conocimiento de los recursos disponibles y la coherencia con la actividad de la organización. Los planes de prevención han de ser realistas, aplicables y coherentes con los demás aspectos de la práctica de los profesionales.

A la hora de hacer planes preventivos personalizados, la toma de decisiones compartida entre los profesionales y los destinatarios contribuye a mejorar la relación entre ambos y la adherencia a las actividades consensuadas.

En atención primaria, recapitulando, la prevención es esencial, pero debe llevarse a cabo con sensatez. No debe convertirse en una carga insoportable ni para el paciente ni para los profesionales, ni debe imponerse a costa de la adecuada atención clínica a los pacientes enfermos. Debe estar basada en la evidencia, focalizada en quienes más lo necesitan y aplicada de manera prudente para evitar el sobrediagnóstico, los eventos adversos derivados del intervencionismo innecesario y la sobrecarga del sistema. 

Por todo lo expuesto proponemos definir la prevención prudente como aquella que selecciona las actividades preventivas teniendo en cuenta:

  • la evidencia científica sobre sus resultados en las personas,
  • las relaciones daño/beneficio y coste/efectividad más favorables para cada población objetivo,
  • los costes de oportunidad respecto a otras inversiones alternativas de los recursos utilizados,
  • la sobrecarga de los profesionales y del sistema sanitario,
  • la decisión informada de las personas a las que se ofrecen los programas,
  • el acceso equitativo a las actividades preventivas, 
  • el acceso al tratamiento de los problemas de salud detectados.

Si cuando se detecta que a un paciente se le han prescrito más medicamentos de los convenientes está indicada la deprescripción, cuando se están realizando más actividades preventivas de las convenientes procede reajustarlas mediante la deprevención.

Definimos la deprevención como un proceso de revisión del uso de actividades preventivas innecesarias o inapropiadas para una persona o una población. Tras evaluar la relación daño/beneficio de cada actividad y su papel, coherencia y oportunidad para esa persona o población, en un contexto y momento determinado, se puede considerar su mantenimiento, su suspensión o su modificación, ajustando su intensidad o frecuencia. 

El objetivo es reducir daños evitables y evitar actuaciones innecesarias que consumen recursos limitados. Es una toma de decisiones informada y compartida para adecuar el uso de las actividades preventivas, que busca mejorar la salud y la calidad de vida de las personas, reducir la sobrecarga de trabajo de los profesionales y mejorar la eficiencia del sistema.

En una entrevista reciente, Iona Heath, referente en medicina de familia, comentaba el artículo que ya reseñamos sobre el impacto del creciente número de actividades preventivas en la atención a los enfermos. Entre otras interesantes declaraciones hacía esta advertencia:“La atención primaria ha empezado a asustar a los sanos y a descuidar a los enfermos”.

Los responsables de las campañas y programas de prevención deben usar la ciencia y la prudencia para seleccionar qué actividades se programan y quién las realiza. Los responsables de la atención primaria deben encontrar un equilibrio entre los recursos que se dedican a la prevención y a la atención.

Los médicos de familia debemos recuperar y armonizar las funciones que nos son propias, sin renunciar a la prevención, pero practicándola de manera eficiente, integrada en su práctica clínica: no como tareas impuestas a justificar en la burocracia,sino como parte de la relación terapéutica que profesional y paciente construyen en su relación longitudinal, a lo largo de la vida.

Necesitamos una prevención basada en la evidencia y en la prudencia.


+ info:
Palacio Lapuente J. No hacer para poder hacer: sensatez en las políticas, la gestión y la práctica. Atención Primaria, 2023; 55(7), 102646. https://doi.org/10.1016/j.aprim.2023.102646.
Rosa María Añel Rodríguez, María Pilar Astier Peña, Txema Coll Benejam, ¿Por qué resulta cada vez más complicado “hacer lo que hay que hacer” y “dejar de hacer lo que no hay que hacer”? Estrategias para revertir las prácticas de bajo valor, Atención Primaria, 2023; 55(7), 102630, https://doi.org/10.1016/j.aprim.2023.102630.
"Necesitamos un mayor compromiso con la continuidad de la atención y priorizar a los enfermos por encima de los sanos". Entrevista a Iona Heath. [Internet] salud 2000 (FASDP) nº 166  [marzo de 2025; consultado 18 de abril de 2025]. Disponible en: https://fadsp.es/wp-content/uploads/2025/04/SALUD2000_166_4.Entrevista-Iona-Heath.pdf 

Ver en este blog: 
Añel Rodríguez RM, Palacio Lapuente J. Cuando la prevención se convierte en un problema: una mirada crítica desde la atención primaria. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [4 de marzo de 2025; consultado 30 de abril de 2025]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2025/03/cuando-la-prevencion-se-convierte-en-un.html
Añel Rodríguez RM, Astier Peña MP. Prácticas de bajo valor: dificultades para su desimplementación. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [4 de octubre de 2022; consultado 30 de abril de 2025]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2022/10/practicas-de-bajo-valor-dificultades.html

Publicado por Jesús Palacio y Rosa Añel. Diseño de la infografía: Txema Coll

Cómo citar este artículo: 
Palacio Lapuente J, Añel Rodríguez RM. Prevenciones, las justas: prevención prudente, infra/sobreprevención y deprevención. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [1 de mayo de 2025; consultado 29 de abril de 2025]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2025/05/prevenciones-las-justas-prevencion.html


Pruebas de laboratorio y seguridad del paciente en atención primaria


La revista Actualización en Medicina de Familia (AMF), de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), ha publicado el número especial "Una mirada al laboratorio clínico". El artículo que cierra este monográfico, titulado "Pruebas del laboratorio y seguridad del paciente en atención primaria", aborda las causas del uso inadecuado de este tipo de pruebas y las medidas para optimizar su utilización. Su autora, Rosa Añel, integrante del Grupo de Trabajo en Seguridad del Paciente de semFYC, invita a reflexionar sobre la necesidad de adecuar el uso de estas pruebas para evitar que generen más problemas que beneficios al paciente.

Las pruebas de laboratorio constituyen una herramienta esencial para el diagnóstico y el seguimiento de los pacientes en atención primaria. Sin embargo, existen múltiples factores que afectan a su adecuada utilización y comprometen la seguridad del paciente, tanto por exceso como por defecto. 

La solicitud de pruebas de laboratorio, cuando no son necesarias, puede causar eventos adversos evitables. Es el caso de los hallazgos incidentales irrelevantes o de los falsos positivos y negativos, que inducen a los profesionales a errar en la interpretación de los resultados, el enfoque diagnóstico inicial, el manejo y el tratamiento, así como a la generación de cascadas diagnósticas y terapéuticas, que conllevan nuevas pruebas y tratamientos innecesarios. 

En el otro extremo, la no realización de pruebas de laboratorio cuando son necesarias es también un problema significativo para la seguridad del paciente. Generalmente, conlleva retrasos en el proceso diagnóstico y en el inicio del tratamiento necesario. Esto, a su vez, repercute negativamente en la evolución del proceso clínico del paciente y en su pronóstico.

En general, en los sistemas sanitarios de los países desarrollados, el sobreúso de las pruebas de laboratorio es mucho más frecuente que su infrautilización. Aunque, como señala en su artículo Añel, "la preocupación por la adecuación en la solicitud de pruebas de laboratorio excede el aspecto cuantitativo: el asunto no es si se hacen muchas o pocas, sino más bien si se hacen las que hay que hacer, a quien las necesita y en el momento oportuno". Su recomendación para resolver este dilema es acostumbrarnos a hacernos algunas preguntas antes de solicitar los análisis, que también son aplicables a otros procedimientos diagnósticos y terapéuticos. Se trata de las 9 cuestiones recogidas en la siguiente figura, que reproducimos a un tamaño mayor al que aparece en el artículo de la revista para facilitar su lectura y su uso en la clínica, la docencia y la divulgación:
Cabe señalar que la última pregunta, "¿Qué puede pasar si no se realiza la prueba?", vale tanto para evitar los excesos como los defectos al actuar.

Para finalizar, detallamos los 10 puntos clave con los que la autora introduce el artículo, que constituyen un excelente resumen de los contenidos del mismo y animan a su lectura:

  1. Los análisis de sangre son las pruebas complementarias que generan mayores expectativas, las más demandadas y las más sobrevaloradas en cuanto a su utilidad.
  2. Cuando se utilizan de forma inadecuada, se convierten en prácticas de poco valor y aumentan el riesgo de efectos perjudiciales para el paciente.
  3. El uso excesivo de pruebas diagnósticas incrementa la probabilidad de resultados falsos, de interpretaciones erróneas y de cascadas diagnósticas y terapéuticas.
  4. Los profesionales de Atención Primaria (AP) desempeñan un papel esencial en la reducción de las intervenciones innecesarias, incluyendo el uso inapropiado de pruebas de laboratorio.
  5. El contexto y las condiciones de trabajo deben ser favorables. En AP, la principal herramienta diagnóstica es el tiempo de atención al paciente.
  6. Las pruebas de laboratorio no deben, ni pueden, suplir a la anamnesis y la exploración física, elementos indispensables para un adecuado enfoque diagnóstico.
  7. Optimizar el manejo de la incertidumbre, identificar las situaciones en las que lo mejor es «ver y esperar» y aprovechar las ventajas de la longitudinalidad son aspectos clave para el uso seguro de las pruebas de laboratorio.
  8. El soporte de las guías que faciliten la adecuación de la práctica clínica, en base a la mejor evidencia disponible en cada momento, es otro aspecto esencial.
  9. Las decisiones de gestión que comprometen las cualidades de la AP dificultan su adecuado desempeño y aumentan las intervenciones de poco valor.
  10. Las decisiones organizativas y de gestión, al igual que las decisiones clínicas, deberían basarse en evidencias, no en ocurrencias.

Publicado por Sano y salvo
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Cómo citar esta entrada:
Pruebas de laboratorio y seguridad del paciente en atención primaria. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [14 de enero de 2025; consultado 14 de enero de 2025]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2025/01/pruebas-de-laboratorio-y-seguridad-del.html


Uso adecuado del laboratorio clínico en atención primaria: monográfico publicado en AMF

Con el título "Una mirada al laboratorio clínico", la revista Actualización en Medicina de Familia (AMF), de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), ha publicado un número monográfico sobre el uso adecuado del laboratorio clínico en atención primaria. Es de acceso libre para socios de semFYC, además de para suscriptores de AMF. Sus coordinadores, Carlos Coscollar y María Escorihuela, nos han explicado cómo surgió el proyecto de elaboración de este número especial, cuáles son sus contenidos y por qué interesa su lectura a todos los profesionales sanitarios, muy especialmente a los que trabajamos en atención primaria. Reproducimos a continuación el resumen que Carlos y María han redactado para nuestro blog.

El monográfico surge de un encargo hecho por el comité editorial de AMF. Todos los años, además de los números ordinarios, AMF publica dos monográficos. El laboratorio clínico, visto desde la atención primaria, era un tema pendiente de tratar, a pesar de ser la prueba complementaria por excelencia en nuestra práctica clínica. Se estima que entre el 30 y el 40% de las consultas se acompañan de solicitud de análisis. Un dato que contrasta con el reducido impacto que suelen tener en la gestión clínica del paciente, como se demostró en un estudio realizado recientemente en el Reino Unido, en el que se vio que hasta un 50% de las solicitudes de análisis clínicos no condujeron a cambio alguno en el manejo del paciente. 

La primera tarea fue definir el planteamiento y los contenidos del monográfico. Descartamos realizar una aproximación “al uso”, asumiendo el riesgo de evitar el formato de glosario de pruebas de laboratorio, indicaciones, interpretación, recomendaciones, etc. Ese enfoque ya estaba disponible, por lo decidimos centrarnos más en el “continente" que en el "contenido”. Es decir, poner el foco más en toda la compleja tramoya que sostiene el proceso analítico, que culmina con la decisión de solicitar o no un análisis, en el modo de hacerlo y en su adecuada interpretación posterior. Se ha hecho necesario reflexionar sobre los determinantes que condicionan el rendimiento de las pruebas de laboratorio, dentro de un contexto más amplio: el razonamiento clínico. Se trata, por tanto, de un monográfico más competencial que de habilidades, cuyo objetivo final es ayudar a convertir una prueba válida (condición básica e inexcusable) en una prueba útil, en términos de resultados para el paciente y para el profesional.

Al primer capítulo, que describe la situación del laboratorio en España, le sigue un análisis de las distintas fases del proceso analítico: preanalítica, analítica y postanalítica. Se ha añadido una fase previa, la pre-preanalítica, a la que se dedica un apartado específico. El monográfico se completa con otros capítulos que abordan la importancia de un mayor acercamiento y colaboración entre el laboratorio clínico y el primer nivel asistencial, y los problemas relacionados con el clásico "chequeo de salud" mediante análisis de sangre. Los capítulos sobre valores críticos y valores clínicamente irrelevantes incorporan los aspectos relativos a habilidades. Para finalizar, se incluye un capítulo dedicado a la seguridad del paciente durante todo el circuito.

La elevada variabilidad observada en estas peticiones afecta tanto al volumen como al contenido, y no se limita solo a ámbitos diferentes, sino que también se describe entre médicos de familia que desempeñan en escenarios casi idénticos. Una parte de esa variabilidad es inevitable por la naturaleza de nuestro trabajo, y otra se justifica por la necesidad de adecuarse a las necesidades de pacientes individuales. Pero hay una variabilidad indeseable y no justificada que favorece el error por inadecuación, por exceso o por defecto, y las interpretaciones erróneas o, en ocasiones, excesivamente estandarizadas (“sujetas a protocolo”).

Tras esta introducción, el monográfico se detiene en la fase previa del proceso analítico (fase pre-preanalítica) recordando los fundamentos de una correcta selección de la prueba y reflexionando sobre los riesgos del exceso de biometría, promovidos por la excesiva confianza en lo aparentemente “objetivo” de lo cuantitativo. Se revisa el significado de los límites de referencia, su modo de cálculo y sus limitaciones y su relación contextual con la salud/enfermedad. También se revisan los términos de sensibilidad, especificidad, valores predictivos y cocientes de probabilidad, que hablan de validez y de la seguridad de la prueba y que, en última instancia, nos ayudan a interpretar mejor y a reflexionar sobre el mismo razonamiento clínico, identificando posibles debilidades.

Durante el monográfico se hace referencia a diferentes fuentes de variabilidad, en las tres fases del proceso. Actualmente, la variabilidad analítica, la que se ciñe al ámbito del laboratorio clínico, es muy pequeña, resultando la preanalítica, la fuente de mayor variabilidad: preparación del paciente, obtención de la muestra y procesamiento de la misma. Gran parte de estas fuentes de variabilidad son susceptibles de control mediante estandarización y controles de calidad. Sin embargo, la variabilidad biológica, tanto individual como interindividual, es inherente al hecho biológico y debe tenerse en cuenta a la hora de interpretar adecuadamente resultados diferentes. Esta cuestión es abordada, específicamente, en el capítulo dedicado a la fase postanalítica.

Con excesiva frecuencia, se observa un cierto automatismo o inercia a la hora de solicitar una determinada analítica. Sin embargo, la práctica experta, que pretende hacer uso del laboratorio de modo eficiente, seguro y útil, implica un ejercicio complejo, especialmente si consideramos el compromiso con el paciente que obliga a una atención segura y de calidad. La tarea se hace especialmente difícil en el primer nivel asistencial, donde la incertidumbre, los contextos clínicos complejos, con frecuencia poco definidos (fases iniciales, presentaciones atípicas) y la escasez de tiempo no facilitan la tarea. El objetivo final es conseguir la adecuación de las solicitudes, es decir, conseguir que el resultado responda a la pregunta (necesidad) que el clínico se había hecho enfrentado a un dilema clínico, con un beneficio que exceda al daño, y a un coste y con un riesgo razonables.

La adecuación de las pruebas convoca a los clínicos, al propio laboratorio y a la comunicación entre ellos. Deben establecerse estrategias de gestión de la demanda conjuntas, compartidas, consensuadas, flexibles, monitorizadas y adaptadas a contexto clínico. Es decir, estrategias centradas en rentabilizar los recursos para conseguir el máximo impacto en la calidad asistencial garantizando que las solicitudes que lleguen al laboratorio sean adecuadas y conduzcan a resultados con utilidad clínica. Uno de los capítulos del monográfico está dedicado precisamente a este tema.

Sigue resultando inevitable hablar de los chequeos que suelen incorporar, de modo prácticamente inevitable, un análisis. Hace tiempo que se dispone de documentación suficiente acerca de la ineficacia y riesgos de este tipo de intervenciones. Sin embargo, quizá llevados por ciertas inercias promovidas de modo no casual, es una cuestión vigente que genera consultas con contenidos peculiares. Los chequeos se llevan a cabo en población sana, o para resultar más preciso, en población asintomática, sin evaluación previa de riesgos individuales y, suelen ser, estandarizados, sistemáticos y periódicos. Es decir, al tratarse de población con baja prevalencia (probabilidad preprueba) de enfermedad, la probabilidad de obtener falsos positivos se dispara, especialmente si consideramos que los análisis son repetidos con periodicidad, habitualmente anual. El riesgo, por tanto, es propiciar cascadas diagnósticas innecesarias, sobrediagnóstico y sobretratamiento, con daños de diferente naturaleza, sin ofrecer beneficio alguno.

Se hace referencia a un concepto opinable en su formulación, pero que cualquier profesional reconocerá: “el valor terapéutico de los análisis”. Precisamente en ese contexto de baja prevalencia, es especialmente necesario aplicar el consentimiento informado (informal o verbal) en las pruebas de laboratorio y atender a las cuestiones éticas que plantea el chequeo.

En un mismo capítulo se abordan la recepción, comunicación y manejo de valores críticos, y lo que puede parecer su opuesto: los valores clínicamente irrelevantes. Ambos son elementos que añaden complejidad a la fase postanalítica. Los valores críticos, es decir, los valores que ponen en riesgo la integridad o pronóstico del paciente, obligan a una comunicación lo más rápida posible que permita una valoración urgente. La bibliografía no facilita un listado único de valores críticos, por lo que nos hemos decantado por una selección basada en la frecuencia y relevancia, proponiendo criterios de manejo. Todo laboratorio debe disponer de un listado de valores críticos y protocolos de comunicación que, idealmente, deben negociarse con los clínicos. 

El concepto “valores clínicamente irrelevantes” es tan familiar para el profesional como insólito en la bibliografía. Viene definido por la decisión del profesional de no conceder importancia a valores fuera de los límites de referencia, en un determinado contexto clínico y tras una cuidadosa evaluación. Una tarea difícil, en ausencia de bibliografía, y comprometida que, con frecuencia, obliga a una explicación al paciente como consecuencia de la “cultura de los asteriscos”. La elección de los analitos que se explican en este capítulo es resultado de la experiencia y reflexión de los autores. Contamos con la complicidad y generosidad del lector, que entenderá la “intención” de utilizar el término irrelevante, cuando nos referimos, en determinados contextos, a ciertos valores de creatinina, bilirrubina, ácido úrico, hormona estimulante del tiroides, velocidad de sedimentación globular o marcadores tumorales, o de vitamina D.

El capítulo del postanálisis se centra en la interpretación de los resultados obtenidos, que dependerá, en gran medida, del motivo de la solicitud, del contexto y la expectativa clínica. Es cierto que esto lo hacemos de forma muy intuitiva, pero cada pregunta clínica requiere del uso de distintos tipos de referencias para interpretar y dar valor a los resultados. Por ejemplo, cuando la solicitud responde a un control de salud, la interpretación utiliza es el intervalo de referencia. Un valor dentro del intervalo genera tranquilidad, pero exige ser conscientes de las limitaciones del intervalo, condicionadas por el mismo modo en el que se lleva a cabo su cálculo (95% de población “sana” y representativa). Cuando la solicitud se lleva a cabo ante el riesgo de presentar una determinada enfermedad o confirmación de un diagnóstico, deben utilizarse los límites de decisión, que actúan como límites divisorios entre “lo normal” y “lo patológico”. Este límite no se establece con poblaciones “sanas”, sino que el criterio es el resultado de estudios clínicos, directrices o valores de consenso que se modifican según la evidencia disponible. En el tercer escenario, la petición de análisis en el contexto del seguimiento de un paciente (una patología determinada o un tratamiento a monitorizar), la referencia será el perfil analítico del propio paciente, y para evaluar la significación de los cambios apreciados es aconsejable conocer, o al menos no desconsiderar, el impacto de la variabilidad biológica de los analitos, tanto intraindividual, como interindividual. En el capítulo se explican el significado, cálculo y utilidad del delta check, el índice de individualidad y el valor de referencia del cambio.

El último capítulo habla de la seguridad del paciente, contemplada no solo desde el laboratorio, sino también desde el mismo momento en que pensamos en solicitar un análisis. Se trata de un aspecto muy relevante, ya que la solicitud de pruebas de laboratorio, junto a la prescripción de medicamentos, son las dos intervenciones que más frecuentemente se utilizan de forma inadecuada. Para enfrentar este problema, un paradigma de seguridad del paciente, la atención primaria es cardinal. Los modelos sanitarios basados en atención primaria contribuyen a la reducción del uso excesivo o inadecuado de las pruebas de laboratorio.

El término adecuación no tiene un contenido economicista y no se refiere solo a aspectos cuantitativos. Implica solicitar a quien lo necesita, en el momento oportuno y con el contenido más útil, siempre bajo el compromiso entre beneficio riesgo y considerando las preferencias del paciente. Abordar esta cuestión excede el ámbito del profesional del médico de familia. Requiere considerar, además de factores propios (perfil de práctica clínica individual), factores estructurales, profesionales, sociales, etc., otros aspectos como la complejidad creciente de los pacientes, el grado de tolerancia a la incertidumbre, la cultura sanitaria mayoritaria, las expectativas del paciente (propensos a hacer, frente a la prudente vigilancia expectante) y del profesional (propensos a sobreestimar los beneficios y minimizar los riesgos), la autoexigencia de disponer de un diagnóstico (modelo formativo y criterio de reconocimiento profesional), los excesos de la biometría, las guías de práctica clínica que no contemplan la complejidad de los pacientes con multimorbilidad, los modelos de organización de la consulta, incluida la presión asistencial, son algunos de ellos.

Frente a todas estas dificultades reales, el médico de familia dispone de una potente y distintiva herramienta, en la medida en que las limitaciones estructurales y las decisiones de los gestores se lo permiten: el conocimiento del paciente, forjado en la continuidad de las consultas y el conocimiento mutuo, es decir, la longitudinalidad.

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Los autores de los 9 artículos que conforman este número especial de la revista AMF son, por orden de aparición, Carlos Coscollar Santaliestra, María Escorihuela Gimeno, María Esther Solé Llop, Paula Sienes Bailo, Marta Domínguez García, Jose Luís Cañada Millán y Rosa María Añel Rodríguez


+ info:
Ceriotti F, Hinzmann R, Panteghini M. Reference intervals: the way forward. Ann Clin Biochem. 2009 Jan;46(Pt 1):8-17. 
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Publicado por María Escorihuela y Carlos Coscollar

Cómo citar esta entrada:
Escorihuela Gimeno M, Coscollar Santaliestra C. Uso adecuado del laboratorio clínico en atención primaria: monográfico publicado en AMF[Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [21 de diciembre de 2024; consultado 21 de diciembre de 2024]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2024/12/uso-adecuado-del-laboratorio-clinico-en.html


Prácticas de bajo valor: aportaciones del Instituto Lown para evitarlas

Reducir las prácticas de bajo valor es uno de los aspectos fundamentales en los que trabajan los expertos del Instituto Lown. Con el objetivo de conseguir que los pacientes reciban toda la atención que necesitan y ninguna que no necesiten, y mejorar con ello la seguridad y la eficiencia del sistema de salud, avanzan tres de sus principales proyectos o líneas de trabajo:

  1. Servicios de bajo valor: complicaciones, variabilidad y medición. Este proyecto tiene como objetivo mejorar el conocimiento sobre la atención de bajo valor, en particular sobre los daños que conlleva, las diferencias en su utilización y la complejidad para medir los servicios de bajo valor. El proyecto consta de tres estudios diferentes, que buscan responder a las siguientes preguntas:
    • ¿Con qué frecuencia los pacientes experimentan complicaciones adquiridas en el hospital como resultado de una atención de bajo valor?
    • ¿Cómo varía la utilización de cirugías de cáncer según el ingreso de los pacientes en diferentes países?
    • ¿Qué servicios de alto impacto y bajo valor deberíamos medir, y qué datos necesitamos para poder medirlos?

  2. Informe sobre el uso excesivo de stents. En este informe, publicado en el año 2023, se presentan los resultados del Índice de Hospitales del Instituto Lown (Lown Institute Hospitals Index, LIHI), el primero que evalúa cómo evitan los hospitales el uso excesivo de pruebas y procedimientos de bajo valor. Entre los datos más impactantes que arroja este estudio, destacan dos: 1/ que los hospitales de EE. UU. colocaron más de 229.000 stents coronarios innecesarios entre 2019 y 2021, lo que supone un stent innecesario cada siete minutos; y 2/ que Medicare desperdició hasta 2.440 millones de dólares en stents innecesarios entre 2019 y 2021.

  3. Sobrecarga de medicamentos. Los investigadores del Instituto Lown señalan que Estados Unidos sufre una epidemia invisible de daños causados ​​por la prescripción excesiva de medicamentos y predicen que, si no se hace nada para cambiar las prácticas actuales, durante la próxima década la sobrecarga de medicamentos contribuirá a más de 4,5 millones de hospitalizaciones, por efectos secundarios graves, y a la muerte prematura de 150.000 adultos de edad avanzada. Con el objetivo de frenar estos daños, el Instituto Lown publicó en enero de 2020 un Plan de acción para eliminar la sobrecarga de medicación, desarrollado por un grupo de 22 expertos en el uso de medicamentos, entre los que se encuentran médicos, enfermeras, farmacéuticos, representantes de pacientes e investigadores de los Estados Unidos y de Canadá. 

Casi cinco años después de la publicación del informe sobre la sobrecarga de medicamentos, el problema no ha hecho más que aumentar, sobre todo entre mayores de 65 años, y se estima que cientos de estadounidenses mayores son hospitalizados cada día debido a los efectos adversos de uno o más medicamentos. Los expertos del Instituto Lown señalan que los medicamentos no deben interferir en lo que es importante para una persona mayor, es decir, en sus capacidades cognitivas y en su movilidad. El exceso de medicamentos en estos pacientes tiene graves efectos adversos, como delirio, hemorragia, caídas e incluso hospitalización o muerte. Se estima que por cada medicamento adicional el riesgo de efectos adversos aumenta entre un 7 y un 10 por ciento. 

A medida que envejecemos los fármacos nos afectan de manera diferente, por lo que los medicamentos recetados hace años pueden tener mayor riesgo de causar daño que cuando se recetaron por primera vez. Por ejemplo, las benzodiazepinas, y otros medicamentos con efecto sedante, aumentan el riesgo de caídas, fracturas y deterioro cognitivo en personas mayores, y los medicamentos anticolinérgicos pueden causar alucinaciones, confusión, taquicardia, sequedad ocular y otros efectos adversos, que se vuelven más pronunciados en combinación entre sí. Lo mismo ocurre cuando, en el afán de conseguir los objetivos marcados por las guías de práctica clínica para el control de enfermedades crónicas, como la diabetes o la hipertensión, la intensificación del tratamiento aumenta el riesgo de caídas, fracturas, confusión, convulsiones y hospitalización. 

También hay que tener en cuenta que las "cascadas de prescripción" son una causa frecuente de sobremedicación. Esto sucede cuando a los pacientes se les prescribe un medicamento para tratar los efectos secundarios causados por otro medicamento, lo que genera más efectos secundarios y más medicamentos, y así sucesivamente.

           Viñeta de @Goneintorapture, publicada por el Instituto Lown en https://lowninstitute.org/medication-overload-how-to-avoid-harm-from-too-many-meds/, adaptada al español por @roanelSP


El Plan de acción del Instituto Lown para eliminar la sobrecarga de medicación presenta soluciones integrales para abordar las principales causas de dicha sobrecarga. Incluye informes y materiales de apoyo para cada una de las cinco líneas de acción en las que se estructura:

  1. Implementar "controles de prescripción": recomendaciones para la realización de revisiones de medicamentos que ofrecen la oportunidad de deprescribir (suspender medicamentos o reducir dosis) de manera adecuada.
  2. Concienciar: recomendaciones sobre cómo generar conciencia entre los pacientes, los médicos y el público en general sobre los posibles daños del uso de múltiples medicamentos.
  3. Mejorar la información en el punto de atención: recomendaciones para proporcionar a los médicos la información que necesitan para prescribir y deprescribir de forma segura. Incluye aspectos relacionados con el uso adecuado de guías de práctica clínica y de los registros médicos electrónicos.
  4. Educar y formar a los profesionales sanitarios: recomendaciones para capacitar a los profesionales para reducir la sobrecarga de medicación, incorporando información sobre atención geriátrica y capacitación en deprescripción durante la formación, tanto académica como continua.
  5. Reducir la influencia de la industria farmacéutica: recomendaciones para reducir el impacto de la industria farmacéutica, limitando las visitas de los representantes a los médicos y la publicidad directa al consumidor.
Además de estos y otros proyectos, en la sección de publicaciones de su web se puede acceder al blog del Instituto Lown y a la sección de artículos y noticias destacadas como, por ejemplo, una noticia publicada en agosto de 2024 en la que detallan cómo una aseguradora de Medicare Advantage ganó miles de millones gracias al sobrediagnóstico de la enfermedad arterial periférica. 

El Instituto Lown, un referente en seguridad del paciente, realiza una labor muy necesaria para tratar de frenar la corriente medicalizadora y de intervencionismo innecesario, que constituye una amenaza para la sostenibilidad de los sistemas sanitarios y para la seguridad de la asistencia.


+ info: 
Eliminating medication overload: A national action plan. Working Group on Medication Overload. Brookline, MA: The Lown Institute, 2020. DOI: https://doi.org/10.46241/LI.YLBW4885 

Publicado por: Rosa María Añel Rodríguez y Jesús Palacio Lapuente

Cómo citar esta entrada:
Añel Rodríguez RM, Palacio Lapuente J. Prácticas de bajo valor: aportaciones del Instituto Lown para evitarlas. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [15 de octubre de 2024; consultado 15 de octubre de 2024]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2024/10/practicas-de-bajo-valor-aportaciones.html 


Así fue la jornada científica celebrada en el Ministerio de Sanidad con motivo del Día Mundial de la Seguridad del Paciente 2024: contenidos destacados de las ponencias y los talleres

En el marco de la Estrategia de Seguridad de Paciente del Sistema Nacional de Salud (SNS), el Ministerio de Sanidad organiza, desde el año 2019 y de forma conjunta con la Sociedad Española de Calidad Asistencial (SECA), una jornada científica para celebrar el Día Mundial de la Seguridad del Paciente. El tema seleccionado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para conmemorar el Día Mundial de la Seguridad del Paciente 2024 ha sido "Mejorar el diagnóstico para la seguridad del paciente", y el lema "Diagnósticos correctos, pacientes seguros".

La jornada científica del SNS se desarrolló el 17 de septiembre en el salón de actos Ernest Lluch del Ministerio de Sanidad, Madrid, en formato presencial y con retransmisión en directo por streaming. También ha tenido presencia en redes sociales, donde se ha divulgado con el hashtag #DiaMundialdelaSeguridaddelPaciente.

A la espera de disponer de la grabación de la jornada, resumimos a continuación los contenidos más relevantes de las ponencias y los talleres

En la inauguración de la jornada, el director general de Salud Pública y Equidad en Salud del Ministerio de Sanidad, Pedro Gullón; la presidenta de la SECA, Inmaculada Mediavilla, y la subdirectora general de Calidad Asistencial, María Fernández, destacaron la importancia de la cultura de seguridad del paciente para promover la seguridad en el proceso diagnóstico. En este sentido, señalaron que todas las partes involucradas han de estar sensibilizadas y comprometidas: responsables de formulación de políticas, gestores, profesionales y pacientes. Tras el agradecimiento a organizadores, ponentes, docentes y asistentes, Inmaculada Mediavilla dio paso a María Fernández, que explicó detalladamente el origen y los objetivos de esta jornada, resaltando algunos de los documentos de referencia: el Plan de Acción Mundial, la Carta de Derechos de Seguridad del Paciente y la propia Estrategia de Seguridad del Paciente del SNS. Así mismo, señaló que tan importante como evitar el infradiagnóstico es evitar el sobrediagnóstico, y destacó la necesidad de promover la notificación de este tipo de incidentes de seguridad, porque "cuando notificas tú, aprendemos todos". 

Finalizada la inauguración de la jornada, se dio paso a la "Mesa 1. La seguridad en el diagnóstico por imagen", moderada por Esther Angulo Paín, integrante de la junta directiva de la Sociedad Española de Protección Radiológica (SEPR), quien remarcó cuatro aspectos clave a tener siempre en cuenta, y en los que es necesario seguir trabajando para la mejora:

  1. La indicación óptima de las pruebas radiológicas.
  2. La relación entre dosis de radiación y calidad de la imagen.
  3. Los efectos secundarios de las pruebas radiológicas.
  4. El uso y la aplicación efectiva de las nuevas tecnologías al diagnóstico por imagen.

A continuación los cuatro ponentes abordaron diversos aspectos de seguridad del paciente en el diagnóstico por imagen. Desde la regulación y el conocimiento actual sobre la protección radiológica, hasta las oportunidades de mejora en la justificación de la solicitud y realización de pruebas radiológicas, pasando por la necesidad de incorporar sistemas de vigilancia y auditoría del cumplimiento de las indicaciones de dichas pruebas. 

En la "Mesa 2. Prácticas seguras en el diagnóstico de laboratorio", moderada por Nuria Prieto, subdirectora Adjunta de Calidad Asistencial del Ministerio de Sanidad, se abordaron las siguientes cuestiones:

  • Laboratorio clínico. María Salinas destacó, en su ponencia "Análisis clínicos: modulación de la demanda en laboratorio clínico ", el importante papel de apoyo y facilitación del laboratorio a la toma de decisiones clínicas, y su capacidad para modular tanto los excesos como los defectos en la solicitud de este tipo de pruebas complementarias.
  • Microbiología. María Lecuona explicó los detalles de la implantación del ciclo de mejoría continua de los procesos (conocido como ciclo PDCA) para reducir la contaminación de las muestras de hemocultivos y mejorar el diagnóstico de las bacteriemias.
  • Anatomía patológica. Federico Rojo presentó la ponencia "Anatomía Patológica: triple seguridad, trazabilidad en información y muestras", en la destacó el impacto de la digitalización en el proceso de diagnóstico, análisis y gestión de muestras y de resultados en el laboratorio de anatomía patológica. 
  • Genética. Con la ponencia titulada "Genética: evitar diagnósticos erróneos de las enfermedades genéticas", Silvia Izquierdo señaló la necesidad de evitar falsos positivos y falsos negativos en el estudio de las mutaciones genéticas, en el uso de test predictivos del riesgo de desarrollo futuro de una enfermedad, así como en el diagnóstico prenatal. 

Ya por la tarde, de 14:00 a 15:30 h., se desarrollaron dos talleres de formación, uno para profesionales de atención primaria y otro para profesionales del ámbito hospitalario, estructurados en dos partes: 

  • Parte 1. Conceptos generales en relación con el proceso de diagnóstico seguro.
  • Parte 2. Conceptos de razonamiento clínico y sesgos cognitivos basados en casos clínicos.
Presentamos aquí los contenidos del taller "Mejorando el proceso de diagnóstico para una atención más segura en Atención Primaria":

 

Taller de formación DMSP 2024, versión para profesionales de Atención Primaria


Los errores diagnósticos repercuten negativamente en la seguridad del paciente, en la calidad de la asistencia y en la eficiencia del sistema. Según la OMS, representan casi el 16% de los daños evitables en los sistemas de salud, por lo que la agencia de salud de las Naciones Unidas estima que la mayoría de los adultos se enfrentarán al menos a un error de diagnóstico a lo largo de su vida. El impacto de los errores diagnósticos no se relaciona únicamente con su prevalencia, hay que tener en cuenta sus consecuencias: su capacidad de dañar a los pacientes, la potencial gravedad de los eventos adversos relacionados con el diagnóstico, y el riesgo de generar segundas víctimas, debido a la afectación psicológica de los profesionales involucrados en este tipo de incidentes de seguridad del paciente. 

Los errores diagnósticos son, junto con los problemas de seguridad del paciente relacionados con la medicación, los que causan eventos adversos de mayor gravedad. Como exponíamos en esta entrada previa del blog, para evitarlos debemos tener en cuenta tanto los factores sistémicos como los factores cognitivos. Los factores sistémicos son aspectos en que la organización presenta carencias que predisponen a cometer fallos, como la falta de comunicación entre el personal de salud o entre este y el paciente, la sobrecarga laboral y las deficiencias del trabajo en equipo. Los factores cognitivos tienen que ver con la formación y la experiencia de los profesionales, y con su predisposición a los sesgos cognitivos. Pero también con otros factores que aumentan el riesgo de fallos humanos durante la asistencia sanitaria, como son el cansancio y el estrés. Las condiciones en las trabajan los profesionales sanitarios son uno de los factores que más impactan en el adecuado desarrollo del proceso diagnóstico. Por ello es importante seguir trabajando para lograr las mejores condiciones del sistema. Pacientes seguros en sistemas seguros.


+ info: 
En este blog:
Ricci Cabello I. Primera Carta de Derechos de Seguridad del Paciente de la Organización Mundial de la Salud. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [14 de mayo de 2024; consultado 23 de septiembre de 2024]. 
Añel Rodríguez RM. 17 de septiembre, Día Mundial de la Seguridad del Paciente: mejorar el diagnóstico para la seguridad del paciente. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [10 de septiembre de 2024; consultado 23 de septiembre de 2024]. 

Publicado por Sano y salvo

Cómo citar esta entrada:
Así fue la jornada científica celebrada en el Ministerio de Sanidad con motivo del Dia Mundial de la Seguridad del Paciente 2024: contenidos destacados de las ponencias y los talleres. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [24 de septiembre de 2024; consultado 24 de septiembre de 2024]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2024/09/asi-fue-la-jornada-cientifica-celebrada.html