La atención a las personas mayores suele describirse como complicada. Pero en realidad es algo más que eso: es compleja. Múltiples factores interactúan entre sí, los cambios pueden amplificarse de forma inesperada y los resultados no siempre siguen trayectorias previsibles.
En la atención a las personas mayores confluyen ambas circunstancias: el abordaje de los problemas de salud es complicado (multimorbilidad, fragilidad, polifarmacia, necesidad de conciliación y coordinación de las diferentes intervenciones, etc.) y se trata de una realidad compleja, donde la seguridad de la asistencia depende de reconocer interacciones, puntos de inflexión y cascadas de intervenciones inadecuadas.
La Revista de la Sociedad Americana de Geriatría ha publicado un editorial titulado Cuando las pequeñas cosas suman: aprovechar la teoría de la emergencia para decodificar la complejidad en la atención geriátrica, que parte de la premisa de que los pacientes geriátricos funcionan como sistemas complejos: pequeñas variaciones pueden desencadenar cambios bruscos y desestabilizadores.
La complejidad clínica se define como la interacción dinámica entre múltiples condicionantes y características del propio paciente y factores del sistema sanitario: una interacción que genera trayectorias no lineales, efectos emergentes y un elevado nivel de incertidumbre.
Las autoras proponen un marco conceptual para comprender y abordar esta complejidad. Los resultados en salud no pueden explicarse únicamente por factores clínicos aislados, sino por la interacción entre cuatro dominios (biológico, funcional, psicológico/cognitivo y social) y por las propiedades emergentes que surgen de esa interacción.
Las propiedades emergentes ayudan a entender por qué la evolución clínica de las personas mayores resulta difícil de predecir. Entre ellas destacan cuatro conceptos clave de la teoría de la complejidad:
- Dinámica no lineal. En los sistemas complejos los efectos no son proporcionales a las causas. En geriatría, un desencadenante aparentemente menor —una infección leve, un cambio de medicación o una alteración social— puede precipitar eventos importantes como delirium, fragilidad o pérdida de autonomía.
- Autoorganización. Los sistemas complejos generan patrones de funcionamiento sin que exista un control central. En la práctica clínica esto se observa en cómo pacientes, familias y profesionales desarrollan rutinas y estrategias adaptativas para afrontar las limitaciones funcionales o cognitivas.
- Transiciones de fase o puntos de inflexión. Cuando se supera un determinado umbral, el sistema puede cambiar bruscamente de estado. En geriatría esto se refleja, por ejemplo, en el paso relativamente repentino de una situación estable a la fragilidad o a la discapacidad tras una situación de estrés aparentemente menor.
- Dependencia de la trayectoria. Las decisiones y eventos tempranos condicionan las posibilidades futuras. Intervenciones iniciales, hospitalizaciones o procesos de descompensación pueden marcar trayectorias de deterioro que después resultan difíciles de modificar.
Resumen gráfico de la teoría de la complejidad aplicada a la atención geriátrica. Traducido al español por Rosa Añel para Sano y salvo, del original "When Little Things Add Up: Harnessing Emergence Theory to Decode Complexity in Geriatric Care" publicado en la revista Journal of American Geriatrics Society.
- Evaluación dinámica a lo largo del tiempo. Más que “fotografías” puntuales, proponen una monitorización sensible a cambios y fluctuaciones que pueden actuar como señales tempranas. Por ejemplo, variaciones funcionales o cambios cognitivos sutiles.
- Detección temprana de señales de deterioro. La vigilancia de cambios leves pero significativos requiere que profesionales y personas cuidadoras estén preparadas para reconocerlos y actuar con rapidez, evitando que se consoliden en "trayectorias de deterioro". Por ejemplo, cambios en la marcha, el apetito, el sueño, el estado de ánimo o la cognición.
- Prevención de cascadas de eventos adversos. Los eventos adversos rara vez ocurren de forma aislada: se retroalimentan en bucles que amplifican la vulnerabilidad del paciente a lo largo del tiempo. Prevenirlos exige identificar los “puntos de intervención de alto impacto” capaces de interrumpir esas cascadas, como sucede con las interacciones y efectos secundarios de la polifarmacia, o con las consecuencias de la inmovilización por hospitalización o cirugía.
- Plan de cuidados interdisciplinar. Dado que los problemas se retroalimentan entre los cuatro dominios (biológico, funcional, psicológico y social), los enfoques aislados o específicos para el abordaje de cada enfermedad resultan insuficientes. Se necesitan intervenciones combinadas y coordinadas que generen efectos sinérgicos y sostenibles. Por ejemplo, en un plan de acción dirigido a un paciente frágil, mejorar el estado nutricional combinado con entrenamiento de fuerza y equilibrio facilita su participación en actividades grupales estructuradas y reduce el aislamiento, con efectos positivos en el estado de ánimo y bienestar psicológico.
En términos prácticos, aplicar la teoría de la complejidad a la asistencia geriátrica implica cambiar el enfoque clínico: pasar de una gestión estática, reactiva y centrada en enfermedades aisladas a una planificación de la atención más dinámica, proactiva y orientada a la persona.
Publicado por: Rosa Añel y Elena Serrano
Añel Rodríguez RM, Serrano Ferrández E. Complejidad, atención geriátrica y seguridad del paciente. [Internet]. Sano y Salvo. Blog de seguridad del paciente en atención primaria. [10 de marzo de 2026; consultado 10 de marzo de 2026]. Disponible en: https://sano-y-salvo.blogspot.com/2026/03/complejidad-atencion-geriatrica-y.html


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