La actualidad en Seguridad del Paciente en un clic: últimos tuits de @sanoysalvoblog

Artículos, noticias y otros contenidos relacionados con la Seguridad del Paciente en general y especialmente en Atención Primaria, publicados en nuestra cuenta de Twitter @sanoysalvoblog*

*El equipo que mantiene @sanoysalvoblog está compuesto por Cecilia Calvo Pita @cecilicp y Jesús Palacio Lapuente @je_pala.


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 Realiza la publicación de estas selecciones Txema Coll Benejam @txemacoll  


Menos es más, ahora más que nunca

Ahora que se ha superado la fase crítica inicial de la pandemia de COVID-19, desde diferentes foros se ha iniciado un ejercicio de reflexión sobre cómo se ha afrontado la pandemia y cuáles serían las actuaciones necesarias para prepararse frente a un rebrote o simplemente manejar una situación de convivencia con el virus.
Antes de la pandemia teníamos que ser cautos al hablar acerca de cómo la cultura de seguridad del paciente ha impregnado la práctica diaria de los profesionales sanitarios, donde los problemas de sobrediagnóstico y sobretratamiento son cotidianos, la iatrogenia no es percibida como un problema y en la que las estrategias del tipo No Hacer presentan una escasa adherencia. La explosión de esta crisis no solo ha puesto en evidencia carencias, sino que, en algunos casos, ha trastocado la forma de proceder poniendo en riesgo la seguridad de pacientes y profesionales.   
Recientemente el BMJ Quality & Safety ha publicado un artículo de opinión titulado “Menos es más, ahora más que nunca” en el que las autoras hacen una reflexión sobre los mecanismos de toma de decisiones durante la pandemia, las circunstancias acompañantes, las consecuencias y la necesidad de reducir tanto el uso excesivo de recursos como el daño en los pacientes, especialmente en estos momentos.
El conocimiento sobre el SARS-CoV-2 y la COVID-19, respecto a los factores pronósticos de la enfermedad así como a la efectividad de los tratamientos, todavía es muy limitado. Son varios los tratamientos cuya efectividad se está investigando, pero aún no se dispone de suficientes pruebas para que se administren de forma generalizada.
Desde el inicio de la pandemia la comunidad científica se ha centrado en desarrollar evidencia acerca de cómo tratar a los pacientes con COVID-19. Cuando las prácticas se adoptan sin una evaluación científica más allá de la evidencia relativa a series de casos, cuando se soslaya el razonamiento clínico y la medicina basada en la evidencia o cuando se abandona el método científico debido a la urgencia de la pandemia, se pueden provocar daños importantes a los pacientes.
Las situaciones vividas, la presión de los pacientes y sus familiares, de los compañeros y de los médicos que desean 'hacer algo', favorecen que se adopten prácticas de forma prematura que en circunstancias normales no se incorporarían a la práctica clínica. Esta prisa por administrar tratamientos cuya eficacia no están probada para ese uso y que se encuentran fuera de ficha técnica puede explicarse en parte por sesgos cognitivos como el de la 'ilusión terapéutica'. Esto ocasiona que los médicos sobreestimen el beneficio de los tratamientos y se acentúa por el hecho de que muchos pacientes son profesionales sanitarios, lo que nubla aún más el juicio clínico con emociones de miedo, impotencia y ansiedad.
La necesidad de 'hacer algo' en el cuidado de pacientes con COVID-19 explica estos sesgos cognitivos, pero entra en conflicto con la necesidad urgente de medidas conservadoras. Hacer menos en el tratamiento de la COVID-19 primero protege de daños a los médicos y a los pacientes, y también preserva los recursos limitados de la asistencia sanitaria y apoya métodos de investigación rigurosos.
Repetir las pruebas de laboratorio o imagen en pacientes no críticos y clínicamente estables con COVID-19 desperdicia recursos, no aporta valor, puede dañar a los pacientes y expone innecesariamente a los profesionales sanitarios a una posible infección. A pesar de ello, parece ser una práctica clínica común en muchos lugares con un impacto cuestionable en el manejo de los pacientes y que supone un incremento en la utilización de recursos de protección, que generalmente son escasos.
Choosing Wisely publicó una lista de recomendaciones internacionales específicas para la COVID-19 contra el uso de tratamientos no probados y no basados en la evidencia, ya que esto puede causar daño y desperdiciar recursos limitados. Cada día hay nuevos informes, especulaciones de líderes políticos en relación con posibles tratamientos y evidencia contradictoria sobre tratamientos fuera de ficha técnica para la COVID-19, como la anticoagulación sin enfermedad trombótica demostrada, la cloroquina, la hidroxicloroquina, la azitromicina, el zinc y el remdesivir. Algunas de estas cuestiones se explican razonablemente por el miedo a que no hacer nada represente un daño mayor que la adopción de cualquier terapia prometedora, incluso aquellas que no están probadas. Sin embargo, la historia nos ha demostrado que este enfoque no basado en la evidencia, además de ser ineficaz, puede dañar a los pacientes más susceptibles a los efectos adversos. Incluso si las ganancias potenciales superan los daños conocidos, la adopción de tratamientos no probados conlleva un impacto social posterior y más amplio. Esto se ha visto en la escasez de hidroxicloroquina y cloroquina debido al uso excesivo y a que los pacientes las almacenan por temor a la escasez. Los pacientes que toman de forma regular estos medicamentos para el lupus pueden estar en riesgo de presentar un control inadecuado de su enfermedad si no están disponibles.
La situación de urgencia ha contribuido a la adopción de actitudes orientadas al enfoque de “haz ahora, estudia más tarde”. La presión favorece la implantación de ideas no probadas que se han hecho populares debido a la amplificación por los medios y las redes sociales de resultados positivos, como lo sucedido en relación con la utilización de plasma de convalecientes en una serie de cinco casos. Es importante destacar que la seguridad y la eficacia de dichos enfoques fuera de un ensayo clínico son limitadas. 
Según las previsiones de expertos, a corto plazo el nuevo virus permanecerá en nuestro medio. Ante esta circunstancia, es necesario cambiar el enfoque respecto a incorporar a la práctica clínica tratamientos no probados y derrochadores. Las campañas de Choosing Wisely han influido en la práctica médica y la conciencia pública sobre el uso excesivo de recursos. La pandemia de COVID-19 presenta desafíos de un gran volumen de pacientes, incertidumbre clínica y presión pública, junto con una plantilla de profesionales sanitarios reducida. En la situación de 'nueva normalidad' de recursos sanitarios limitados, menos es más, ahora más que nunca.

Nota complementaria:
Difundida tras la publicación del artículo que hemos reseñado, nos hacemos eco de la nota de la FDA del 15 de junio de 2020 referente a la revocación de la autorización de uso de emergencia de la cloroquina y la hidroxicloroquina, al determinar, en base a la evidencia disponible, que es improbable que sean efectivas en el tratamiento de la COVID-19. Además, en vista de los eventos adversos cardíacos graves y otros posibles efectos secundarios graves, los beneficios conocidos y potenciales de la cloroquina y la hidroxicloroquina ya no superan los riesgos conocidos y posibles para el uso autorizado.
En esta nota se enfatiza que las acciones de la FDA son guiadas por el conocimiento científico y el equilibrio de riesgos frente a beneficios de los tratamientos para COVID-19. La FDA tiene la responsabilidad de revisar periódicamente la idoneidad de una autorización de uso de emergencia. Los resultados recientes de un gran ensayo clínico aleatorizado en pacientes hospitalizados, una población similar a la población para la cual se autorizó el uso de emergencia de cloroquina e hidroxicloroquina, demostró que la hidroxicloroquina no mostró ningún beneficio en la mortalidad o en acelerar la recuperación. Este resultado fue consistente con los obtenidos en otros estudios, concluyendo que la totalidad de la evidencia científica actualmente disponible indica una falta de beneficio.

Soong C, Born KB, Levinson W. Less is more, now more than ever. BMJ Qual Saf 2020;0:1–3. doi:10.1136/bmjqs-2020-011444

Publicado por José Ángel Maderuelo e Irene AiLing García Yu 


Propuestas de SECA para facilitar la recuperación de nuestro Sistema de Salud tras la pandemia por el coronavirus SARS-CoV-2 y para prepararlo para un nuevo rebrote. Medidas para garantizar la calidad de la atención y la seguridad de los pacientes y los profesionales en tiempos de COVID-19


La Sociedad Española de Calidad Asistencial (SECA) acaba de publicar estas propuestas, resultado de una reflexión participativa sobre lo que hemos aprendido, lo que debería ocurrir ahora para ofrecer calidad y seguridad a pacientes en el proceso de recuperación del Sistema de Salud y los elementos que deben tenerse en cuenta para anticiparnos a un posible rebrote y futuras epidemias. 
Para llegar a estas recomendaciones SECA ha realizado un estudio cualitativo de búsqueda de consenso con participación de representantes de todos los grupos de interés (pacientes, directivos, profesionales de diferentes estamentos y especialidades, académicos e investigadores). El equipo de trabajo estableció áreas a explorar: desde lecciones aprendidas (a nivel organizacional, en las dinámicas trabajo, procedimientos, etc. para lograr una óptima calidad asistencial en un entorno seguro) hasta la gestión de las nuevas necesidades asistenciales de los pacientes COVID-19, cómo reenfocar las plantillas, fortalecer la resiliencia de los profesionales, el nuevo rol del paciente o la gestión de riesgos y planes de contingencia ante rebrotes o futuras epidemias. 
Las propuestas de SECA se han agrupado en dos grandes bloques:
1.- Medidas para asegurar la calidad asistencial y la seguridad del paciente en la recuperación de nuestro Sistema de Salud tras la Pandemia por el SARS-CoV-2. 
En este bloque se proponen acciones de mejora agrupadas en las siguientes dimensiones de la calidad:
  • Equidad: disponer de códigos éticos que garanticen la equidad, un sistema de consulta para los profesionales en cuestiones de bioética. Definir el modelo de atención en Centros Sociosanitarios y los circuitos de interrelación con las estructuras y equipos de provisión de Servicios Sanitarios.
  • Accesibilidad: garantizar la accesibilidad a la asistencia sanitaria, reforzando los canales alternativos para la cita y los modelos de atención presencial y no presencial, estableciendo circuitos COVID-19 y No COVID-19 y circuitos especiales para personas mayores u otros grupos de pacientes vulnerables. 
  • Efectividad y eficiencia: liderazgo, adecuación de la información, comunicación bidireccional (primaria/hospital); establecer criterios de calidad de la atención a pacientes COVID-19 y para la atención a través de la telemedicina, impulso de la estrategia “Right Care”, formación de pacientes y cuidadores en autocuidados adecuados al momento que vivimos.
  • Seguridad: análisis de fallos y errores retrospectivo, elaboración de mapas de riesgo, seguir trabajando en el uso seguro de medicamentos, higiene de manos, prevención y control de Infección asociada a la atención sanitaria, uso adecuado y formación en EPIs, uso adecuado de mascarilla por ciudadanos/pacientes, revisar los procedimientos de gestión de residuos, identificación de nuevos dispositivos y herramientas e-salud, uso seguro de equipamientos diagnósticos/terapéuticos, etc.
  • Experiencia del paciente: mecanismos de coordinación para garantizar la información que necesitan los pacientes, evaluación del impacto de los nuevos circuitos asistenciales, identificación de soportes de información asistencial relevante alternativos, programas de atención integral a pacientes vulnerables, acompañamiento, participación del paciente y alternativas de interacción de la familia con pacientes ingresados.
  • Moral laboral de los profesionales de la salud: programas de ayuda psicológica, vigilancia de la salud, protección de sus familias, análisis retrospectivo de la gestión de la pandemia, identificación del daño moral que sufren los profesionales, procedimientos de acogida, carrera profesional y gestión de necesidades emocionales de profesionales en formación.
2.- Medidas a establecer en el periodo interpandémico y que deberán recogerse en un plan de contingencia para garantizar la calidad y la seguridad de la atención en un rebrote. En este bloque se incluyen elementos clave a considerar como:
  • Elaborar un plan de contingencia integral a nivel nacional y autonómico con sus correspondientes indicadores de seguimiento
  • La constitución de una Comisión Técnica Asesora liderada por Salud Pública y formada por expertos de las diferentes disciplinas
  • La coordinación entre administraciones, con los agentes sociales, económicos y las Fuerzas de Seguridad
  • La necesidad de disponer de un marco ético y jurídico de apoyo
  • Promover la investigación y la producción propia de material sanitario para garantizar el aprovisionamiento
  • La gestión de la información
  • El papel crítico de la Salud Pública
  • La necesidad de seguimiento de la pandemia y postpandemia con indicadores clínicos, epidemiológicos y de uso de recursos
  • La necesidad de garantizar la continuidad en la atención y tratamiento de patologías tiempo dependientes
  • La capacidad de respuesta de los servicios de apoyo
  • La gestión de fármacos, de laboratorios
  • La formación de los profesionales…
Entre otras propuestas que podéis consultar en el documento.


Publicado por  Mª Dolores Martín Rodríguez y Montserrat Gens Barberà


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