España no es ajena al peligroso aumento, a nivel internacional, del consumo de opioides . Continua la tendencia creciente durante el periodo 2008-2015

Los fármacos opioides son ampliamente utilizados para el tratamiento de algunos tipos de dolor agudo severo y de dolor crónico de moderado a severo que no responde a otros tratamientos. Sin embargo, su uso se asocia con desarrollo de dependencia física y adicción y esto está siendo un importante problema de salud en países desarrollados debido al riesgo de abuso de estas sustancias.

Así lo recuerda el Observatorio del Uso de Medicamentos, iniciativa de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) en colaboración con la Dirección General de Farmacia y Productos Sanitarios, que ha publicado el 21 de febrero un informe sobre la utilización de opioides en España (2008-2015) con datos que nos ponen en situación (y también en alerta) sobre el asunto.

Así, se muestra el consumo extrahospitalario de este grupo terapéutico en los últimos años en España poniéndose de manifiesto que ha pasado de 7,25 DHD en el año 2008 a 13,31 DHD en el año 2015, lo que supone un incremento del 83,59%, continuando la tendencia previa. Cifras que sólo incluyen el consumo de opioides dispensados con cargo a receta del Sistema Nacional de Salud.

Durante este periodo, la oferta de opiáceos se ha mantenido más o menos estable en lo que respecta a nuevos principios activos, tan solo se ha incorporado tapentadol y oxicodona en combinación y han desaparecido dihidrocodeína y dextropropoxifeno cuyos consumos no eran muy elevados.

Sin embargo, se han comercializado nuevas formas farmacéuticas para fentanilo tanto orales como nasales y ha aumentado también el número de presentaciones.

El subgrupo más utilizado ha sido el de "Otros opioides" (Tapentadol hidrocloruro, tramadol y sus combinaciones), aumentando su consumo de 4,26 DHD en el 2008 a 8,74 DHD en el 2015 y representando un 65,66% del consumo total de opioides en ese mismo año, siendo el consumo mayoritario debido al tramadol en combinación, manteniéndose el de tramadol como monocomponente más o menos estable.

Los siguientes subgrupos más utilizados han sido los Derivados de la fenilpiperidina (fentanilo), con un consumo creciente (1,43-2,33 DHD) en el periodo, representando el 17,51% del consumo de opioides en el año 2015, principalmente en su forma transdérmica que supone el 84% del total del consumo de fentanilo.

Entre los alcaloides naturales del opio disponibles en la actualidad (codeína en combinación, hidromorfona hidrocloruro, morfina y oxicodona con sus combinaciones), destaca el aumento de la oxicodona en combinación, representando el 32,58% del consumo de este grupo en el 2015 siendo la codeína en combinación la más consumida del subgrupo en 2015, a pesar de haber experimentado un ligero descenso en el periodo. El consumo de morfina ha aumentado en cambio.

La buprenorfina es el único derivado de la oripavina disponible, con un consumo creciente que se debe prácticamente en su totalidad a su forma transdérmica (98,91%).

Por principios activos, los más utilizados han sido el tramadol, solo o en combinación, que corresponde a un 62,21% del consumo de todo el grupo,
seguido del fentanilo, con un 17,51% del total del consumo del grupo, cuyo aumento ha sido facilitado por la gran oferta de presentaciones y formas farmacéuticas disponibles y, en menor medida, de buprenorfina, con un 6,91% del total del consumo de opioides en el año 2015.

Con estas cifras de consumo, conociendo que el dolor crónico es una de las razones más comunes para buscar atención médica y que la evidencia es
insuficiente para determinar la efectividad a largo plazo del tratamiento con opioides para mejorar el dolor, la funcionalidad o la calidad de vida, teniendo constancia del riesgo de efectos adversos importantes dependientes de la dosis, tales como sobredosis y adicción, es necesario recordar la necesidad de, antes de prescribir un analgésico opioide potente, revisar los tratamientos previos y los disponibles (tanto farmacológicos no opioides como no farmacológicos) y evaluar potenciales riesgos y beneficios con los pacientes.

La evidencia disponible en la actualidad cuestiona el uso de opiáceos en indicaciones en las que está tan extendido como la lumbalgia. Así, el American College of Physicians, en su nueva guía de abordaje del dolor lumbar, recomienda como primera elección el tratamiento no farmacológico, por ser tanto más eficaz como más seguro, y desaconseja especialmente los narcóticos.

Los médicos de familia tenemos mucho papel a la hora de mejorar la seguridad y la efectividad de los tratamientos y reducir los riesgos asociados, en este caso del tratamiento con opioides, incluyendo el abuso, la dependencia, la sobredosis y la muerte.


Publicado por Marisa Torijano Casaluenga

Ver también:

Torijano Casalengua ML, Sánchez Holgado J, de la Hija Díaz MB,  Astier Peña MP. Uso de opioides en pacientes con dolor crónico. FMC. 2016;23:607-16